¿En qué anda el cura Hoyos quien volvió a ser noticia por captura por error?

Aquellos domingos en los que Barranquilla se paralizaba para oír al entonces sacerdote Bernardo Hoyos Montoya, sin dudas, hacen parte de la historia política y administrativa de la ciudad. Quienes no podían ir a su ‘púlpito’, en la Zona Negra, se pegaban a sus radios a estar atentos a las transmisiones en directo de las emisoras locales, entre las 11 de la mañana y la media tarde.

Ese fenómeno fue a principios de los años noventa del siglo pasado, a pocos meses de estar estrenando Constitución Nacional, y se extendió hacia la mitad de la primera década del presente siglo, pero ya no tanto por las intervenciones de Hoyos Montoya sino por sus escándalos del movimiento político que fundó para hacer carrera no solo en la ciudad sino en el resto del país.

Hace poco, el pasado 8 de febrero, su captura por parte de la policía, mientras visitaba a una mujer enferma en el barrio La Chinita, suroriente de Barranquilla, lo puso de nuevo en los registros noticiosos de los medios de comunicación locales, regionales y nacionales.

Al final del mismo día quedó en libertad, porque se había tratado de un error de parte de un Juzgado de Ejecución de Penas que mantenía en su sistema una orden vigente para que respondiera por un caso de corrupción relacionado con la remodelación del edificio en donde funciona la Alcaldía de Barranquilla en el Paseo Bolívar, lo cual se había cumplido un par de años atrás. Hoyos volvió a su rutina, mientras los medios de comunicación retornaron a la agenda diaria de estar pendientes de los preparativos para la vacunación contra el Covid-19.

El episodio sirvió para que muchos, en Barranquilla, se preguntaran: ¿Y dónde estaba el cura Hoyos… a qué se dedica… no y que estaba preso? EL NORTE buscó respuestas a esas inquietudes.

ANTES, UN RECORDERIS

Antes, un recorderis. Hoyos, luego de permanecer por cerca de 20 años en el Brasil, llegó a Barranquilla en 1984, enviado por la Comunidad Católica de los Salesianos a reforzar el trabajo social que lideraba en las comunidades alrededor de la emblemática Iglesia de San Roque, cerca al centro de la ciudad, el reconocido sacerdote Stanley María Matutis.

Su misión principal fue la de dirigir la Universidad Abierta del Sur, Unisur, capítulo Barranquilla, con sede en el Centro Social Don Bosco. Hoy, ese centro de educación superior es la Universidad Nacional Abierta y a Distancia (Unad).

No obstante, Hoyos, aprovechando su experiencia sacerdotal en Brasil, fundamentada en la Teología de la Liberación, vertiente religiosa que integra líneas católicas y protestante con el fin de trabajar por el bienestar y dignidad de los pobres, puso en marcha un proceso de redención por comunidades marginadas en el Suroriente de Barranquilla, siendo el punto de partida la denominada Zona Negra, sector de Don Bosco perteneciente al tradicional barrio Rebolo.

Es reiterativo en él contar que con la ayuda de personas de la comunidad. Se dieron a la tarea de reconstruir viviendas a partir del relleno de espacios pantanosos cercanos a la zona de influencia del caño de la Ahuyama, que pasa por el sector y en el que desembocan alcantarillas de la ciudad, y también dotar al sector con los servicios públicos básicos. En resumen, “darles dignidad y esperanzas a las familias allí asentadas”.

La simpatía lograda, más su capacidad de gestión ante las autoridades distritales de entonces, hizo que lo convencieran de lanzarse a la Alcaldía de Barranquilla y fundar, con estrechos colaboradores, el Movimiento Ciudadano.
Hoyos fue alcalde en dos períodos, el primero 1992-1994, puesto como ejemplo del trabajo que sí debe hacerse cuando se maneja bien la cosa pública; y el segundo 1998-2000, duramente criticado por haber incurrido en hechos irregulares que lo llevaron a ser condenado por la justicia.

Además, el Movimiento logró tener concejales y diputados, más dos alcaldes, (Édgar George González (período 1995-1977) y Guillermo Hoenisgberg Bornacelly (2004-2007); incluso Hoyos logró ser senador de la República (2002-2006).

Por disputas internas, más la situación jurídica de dos de sus máximas figuras, Hoyos y Hoenisgberg, relacionados con corrupción administrativa, el proyecto político se fue diluyendo hasta quedar reducido a una minoría sin representatividad política en corporaciones públicas y hasta sin personería jurídica.

Como complemento, la Comunidad Salesiana lo expulsó, luego de un largo proceso que terminó en un concilio nacional, el cual concluyó que sus actuaciones se salieron de los principios salesianos “ser buen cristiano y honesto ciudadano”.

EN LO QUE HOY ANDA

“El padre Hoyos ha seguido con su trabajo social, junto con nosotros. Hacemos jornadas de limpieza, hasta donde se puede, del caño de la Auyama; sembramos árboles; ayudamos a más personas necesitadas con mercaditos y útiles escolares, conseguimos elementos para discapacitados y medicinas para los enfermos. Ahora esperamos, principalmente, es que se haga realidad la canalización del caño”, anotó un líder cívico de Rebolo, cercano a Hoyos Montoya.

Aprovechando las bondades de las redes sociales, Hoyos mantiene contacto con seguidores y tiene una tribuna en Facebook, Las Voces desde El Rincón, desde la que expone su pensamiento, sobre todo el político, al tiempo que reitera las acostumbradas críticas y señalamientos, empleando el peculiar lenguaje procaz, contra todo lo que huela a dirigencia política.

“Nunca me he lanzado a nada, ha sido el pueblo quien lo ha hecho… Yo nunca miento… Siempre asumo la realidad… Nunca hice promesas, sino trabajo conjunto… Siempre he estado comprometido con los pobres y su defensa… Aquí vine fue a servir a los pobres… Digo las cosas y no mido las consecuencias, no las rectifico… No tengo ansias de nada, sino ser un ciudadano normal y feliz… Estoy por encima del bien y del mal…”, suele expresar en sus alocuciones televisadas desde un salón y en medio de un auditorio que dista de la muchedumbre que caracterizó la tribuna del Rincón Latino, el epicentro del Movimiento Ciudadano.

El mismo Hoyos revela que es un madrugador y que su día es rutinario: Levantada y primer duchazo del día, a las 5:30 de la mañana; entre las 6 y las 8, dos horas de estudio; 8, el desayuno; de 8:30 a 11 a.m., salida al trabajo comunitario o a dialogar con sus vecinos, visitas a personas enfermas, en fin.

“Todos los días salgo a echar pico y pala, a sembrar árboles, a mimar, a pechichar a la Madre Tierra”, describe lo que hace en cada jornada matutina. La tarde la dedica a leer libros, degustar vinos finos, escuchar música sin distingos, hablar con sus amigos, bien sea que lo visiten en su casa de la Zona Negra o vía telefónica; luego, la cena, un rato de reposo, y antes de 9 a dormir.

“Soy feliz y hasta cursi soy… Estaré con los excluidos hasta la muerte… Yo me muero, como viví…” sigue siendo el norte de Bernardo Hoyos Montoya, el controvertido sacerdote salesiano que vino y permanece en Barranquilla dejando huellas, en medio de controversias.

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