¿El de Barranquilla, un concejo sin brillo e intrascendente?

*Experto en ciencias políticas plantea que este escenario es el resultado de un doloso plan de monopolización de la política local, anclado en no más de 4 partidos que carecen de una estructura ideológica.

REDACCIÓN EL NORTE

La percepción que, en los últimos años, mantiene buena parte de la ciudadanía en Barranquilla con respecto a la actuación del Concejo Distrital deja sinsabores sobre esta corporación, considerada el control político de las actuaciones del alcalde de turno y su gabinete.

Los indicadores de evaluación que aporta para el debate la veeduría Barranquilla Cómo Vamos, recogidos a través de encuestas, no superan el 50 por ciento.

Una rápida mirada a los resultados del 2017 señala que la desfavorabilidad fue del 58 por ciento, frente a una favorabilidad del 42; en el 2018, ocurrió algo curioso en la medición y es que la primera percepción fue del 19 por ciento, mientras que la segunda se ubicó en el 18, sin embargo, llama la atención que el indicador ‘No tiene opinión’ llegó al 48 por ciento y ‘No conoce’ el 15.

En el 2019, los resultados fueron alentadores. La favorabilidad fue del 50 y la desfavorabilidad del 39 por ciento, ‘No tiene opinión’ el 11. La medición del 2020, el año en el que empieza la pandemia por el Covid-19, se hizo mediante encuesta virtual en febrero del presente y giró en torno al comportamiento frente a su incidencia, pues la ciudadanía se mostró insatisfecha con la actuación del Concejo en un 48 por ciento y satisfecha el 28.

Para el presente año la lupa está en la actuación que lidera Samir Radi Chemas, joven que se estrena en la Corporación, y que, a finales del año pasado, fue elegido presidente para la vigencia 2021. Es bueno recordar que el Concejo de Barranquilla lo integran 21 concejales escogidos mediante el voto popular.

Precisamente, Radi anunció, una vez elegido y lo ratificó al posesionarse como presidente, que el 2021 será el año de la reinvención del Concejo, en articulación con la Administración Distrital dentro del proceso de reactivación económica de la ciudad y respaldo a programas de emprendimiento, educación y medio ambiente. Habrá que esperar.

EN DEFENSA PROPIA

Acerca de la actuación del Concejo y la percepción ciudadana sobre el trabajo que ha venido desempeñando, tres de sus miembros exponen sus argumentos, Antonio Bohórquez Collazos, del Polo Democrático; Óscar David Galán Escalante, del partido Liberal; y Juan Ospino Acuña, del Partido de la U.

“Creo que cada concejal tiene un ejercicio, incluso un cálculo, y por supuesto esto de las funciones si es de la oposición o si es independiente, o cercano al Gobierno, es clave. Yo no podría hablar por otros, hablo por mí. Hago lo que la Constitución y la ley me dicen. He desarrollado varios debates, denuncias y he presentado mis propios acuerdos. He hecho las críticas del caso. Particularmente, siento que estoy cumpliendo, publico en las redes, participo en los medios. He hecho lo que me corresponde”, asegura Bohórquez.

Precisa, además que él no es un concejal veedor dentro del Concejo, ni se pone a decir quien hace y quien no. “Creo que cada uno está pendiente de lo suyo”. Sin embargo, Sí advierte que ha faltado una difusión más universal del trabajo que se desempeña en el seno de la corporación, sobre todo en materia de los debates de control político.

Por su parte, Galán defiende el caso que en toda corporación e institución hay etapas con relevo generacional. “Hay varios concejales que están en proceso de aprendizaje de capacitación y siempre esto genera este tipo de impacto; sin embargo, sí creo que se han hecho unos debates importantes; por ejemplo, fue importante lo que hizo el Concejo en torno a tomar medidas y ayudar a mejorar unos temas de salud en la ciudad, a manejar la pandemia de mejor manera porque había un letargo; el Concejo hizo un llamado de alerta al Gobierno y se tomaron medidas un poco más restrictivas y eso permitió bajar las cifras de contagio y letalidad que tenía la ciudad”.

Sostiene que el concejal, en especial el ‘primíparo’, debe estar en permanente capacitación de tal manera que el trabajo ayude a estructurar más al proceso de control político en la Corporación y estar a tono con lo que la ciudadanía piense.

“Es importante la conexión que tienen los sectores políticos con la ciudadanía, eso es fundamental. Esperamos que en los próximos períodos pueda la ciudadanía tener más impacto con respecto a la labor que desempeñamos en la Corporación”, manifiesta Galán.

Entre tanto, el concejal Juan Ospino explica que puede haber fallas en los procesos comunicativos, pero que sí hay trabajo para mostrar. Destaca que en el presente período se han llevado a cabo 23 sesiones que incluyen debates de control político a funcionarios de la Administración Distrital; en su caso particular destaca la presentación de 9 iniciativas.

Reconoce que, si bien es cierto que la experiencia cuenta, se debe anotar que los jóvenes concejales han tenido iniciativas muy interesantes en materia medio ambiental, patrimonio y energías limpias, que han sido aprobadas.

“Aquí se ha hecho una combinación entre la experiencia y aportes de muchos de los jóvenes concejales. La pandemia y las sesiones virtuales no han sido elementos favorables para mayor cercanía del Concejo y la ciudadanía, pero estamos contando con un grupo de concejales proactivos que se les nota el deseo por aportar al desarrollo de la ciudad. Creo que hay falencias, pero también hay un rápido aprendizaje sobre el rol que debe asumir el Concejo en la administración y las decisiones de ciudad. Estamos siempre abiertos a la crítica y siempre la asumiremos como oportunidad de mejoras”, señala Ospino.

CONCEJO INTRASCENDENTE

De otro lado, Ferney Rodríguez Serpa, PhD. en Filosofía con orientación en Ciencias Políticas. De la Universidad Autónoma de Nuevo León, México, hace un análisis de la tarea que deben cumplir los concejales de Barranquilla.

“Son múltiples las razones que permiten entender la falta de control político del Concejo Distrital de Barranquilla, y su intrascendencia en la vida política de la ciudad. Para nadie es un secreto que una de las mayores dificultades de La Arenosa son los precarios niveles de cultura política, desplazados por otras preocupaciones más banales, como el Carnaval y el equipo del alma de la región Caribe, el Atlético Junior”, sostiene.

Agrega el analista que esta es una afirmación muy fuerte, pero evidentemente muy real. “El barranquillero conoce escasamente el nombre de 5 concejales, pensaría que conoce con exactitud el nombre de dos de ellos. Lo mismo ocurre, si usted pregunta por lo menos por 3 secretarios del Distrito o los encargados de los entes de control, nadie tiene la menor idea de sus nombres. Cuando en una ciudad pasa esto. Es políticamente correcto decir, que es la tierra de nadie y en efecto, el escenario ideal para los monopolios políticos”, destaca Rodríguez.

Indica que el Concejo “no es más que el resultado de un doloso plan de monopolización de la política local, anclado en no más de 4 partidos políticos (Cambio Radical, Partido Liberal, Partido Conservador y Partido de la U), que carecen de una estructura ideológica coherente, pero que son consecuentes con un fin común, mantener un statu quo de privilegios en la coadministración de los recursos públicos con sus diferentes cuotas políticas”.

Para Rodríguez, en una tradición hegemónica de atrincherarse en la conservación del poder en la Alcaldía Distrital de Barranquilla por más de 16 años, los contrapesos se han diluido.

A su juicio parece que esos contrapesos no existieran, dado la alta concentración de poder, y la escasa democracia participativa en las decisiones de la ciudad y “lamentablemente en la invisibilización de la oposición en dos sentidos: de una parte, una oposición que no ha estado a la altura de un control visible, y alternativo; y dos, ante la presencia de medios de comunicación acomodados a los intereses políticos del Distrito y consientes editorialmente en anular todos antagonismo político”.

Considera que ante esta pasividad política, es claro que se tiene un Concejo Distrital poco protagonista, que no puede hacer control político en aquello de lo cual hace parte, que no muestra iniciativas y que permanece en silencio.

“Lo cierto en todo caso, es que las administraciones de los últimos años le han apostado al embellecimiento de la ciudad, especialmente de sus parques, sus calles, sus avenidas, y su gran obra del Malecón del Río, lo cual, era una deuda política de las administraciones con la ciudadanía. No obstante, dichas obras, no atacan los problemas sociales de fondo de la ciudad, como la desigualdad, la pobreza, el desempleo y el hambre, entre otros problemas, que han sido mal orientados ante la ausencia de una política pública por erradicar las carencias sociales de la inmensa mayoría de Barranquilleros”, considera el PhD. en Filosofía con orientación en Ciencias Políticas.

Y puntualiza en que ante estas dificultades, las consecuencias son los altos índices de criminalidad, abuso laboral de los empleadores, informalidad laboral, microtráfico, comercio sexual y pauperismo de la clase media de la ciudad.

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