Murió el científico colombiano Manuel Elkin Patarroyo

A los 78 años de edad falleció en Bogotá el científico colombiano Manuel Elkin Patarroyo, quien desarrolló una amplia investigación sobre la malaria que lo llevó a desarrollar la vacuna SPf66.

La muerte de Patarroyo, quien venía con quebrantos de salud desde hace meses, fue confirmada por la Universidad Nacional de Colombia, a la que el científico estaba vinculado desde 1972.

“La Rectoría de la Universidad Nacional de Colombia y su equipo directivo lamentan profundamente el fallecimiento del profesor”, informó la Universidad.

Añadió. “En su larga trayectoria docente e investigativa obtuvo múltiples reconocimientos y distinciones entre los que se destacan el Premio Leon Bernard de la Organización Mundial de la Salud, el Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica, el Premio Nacional de Ciencias Alejandro Ángel Escobar y el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Nacional de Colombia”.

Patarroyo nació el 3 de noviembre de 1946 en el municipio de Ataco, en el departamento de Tolima, en Colombia, junto a diez hermanos. Culminó sus estudios de bachillerato en el colegio José Max León de Bogotá. Ingresó a la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Colombia, graduándose en 1971. Posteriormente hizo una especialización en Inmunología en la Universidad de Yale. También realizó estudios de postdoctorado en el Instituto Karolinska de Estocolmo. Estuvo a cargo del Instituto de Inmunología del Hospital San Juan de Dios.

Fue galardonado con el Premio Nacional de Ciencias de Colombia, el Premio del Estado de Sao Paulo (1988) y el premio de la Academia de Ciencias del Tercer Mundo (1990). Además, fue nombrado doctor honoris causa por la Universidad Nacional, la Universidad Metropolitana de Barranquilla, la Universidad Complutense de Madrid, la Universidad de Valladolid y la Universidad de Costa Rica.

En 1994, recibió el Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica.

Cabe señalar que la vacuna de Patarroyo no logró tener la eficacia suficiente para ser usada como herramienta de salud pública de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), que la declaró inactiva después de posteriores evaluaciones clínicas.