Emergencia nacional fronteriza y energética: primeros decretos del presidente Trump en su discurso

En su discurso de posesión, el 47° presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, se mostró concreto y pragmático, reafirmando sin sorpresas las prioridades de su campaña. Seguridad fronteriza, control del narcotráfico, fortalecimiento de la industria energética tradicional y la imposición de aranceles serán ejes clave de su gobierno desde el primer día.

El presidente Trump inició su mandato con la firma de dos decretos ejecutivos alineados con sus promesas de campaña y estableciendo el tono de su administración en política interna y externa.

El primer decreto fue la declaración de emergencia nacional en la frontera sur, con el objetivo de detener la inmigración ilegal y acelerar la deportación de millones de inmigrantes. Anunció el regreso de la política de “Permanecer en México”, poniendo fin a la práctica de “atrapar y liberar”. Asimismo, ordenó el despliegue de tropas en la frontera para lo que describió como la necesidad de “detener la invasión” y designó oficialmente a los carteles como organizaciones terroristas extranjeras. También instruyó el uso de fuerzas federales y estatales para combatir el crimen organizado y las pandillas.

El segundo decreto fue la declaración de emergencia nacional energética, con la que busca elevar la producción de petróleo y gas bajo el lema “Drill, baby, drill” (vamos por el petróleo). Según Trump, esto fortalecerá la posición de EE.UU. como potencia energética, reducirá los precios de los combustibles y aumentará las exportaciones petroleras.

En línea con esta política, anunció la eliminación del “Green New Deal” y la revocación del mandato de vehículos eléctricos (EV Mandate), permitiendo a los estadounidenses elegir qué tipo de vehículo comprar. Además, agradeció el apoyo de los trabajadores de la industria automotriz y prometió incentivar la repatriación de fábricas de automóviles a EE.UU.

Este cambio en la agenda migratoria y energética marca una clara ruptura con las prioridades de su predecesor y con el gobierno colombiano, que ha apostado por la transición energética y políticas migratorias con un enfoque regional. Estas diferencias pueden generar tensiones en la relación bilateral y una redefinición de la cooperación en temas clave.

En materia comercial, Trump reafirmó su afinidad por los aranceles, afirmando que en lugar de imponer impuestos a los ciudadanos, se aplicarán impuestos y aranceles a otros países para fortalecer la economía de EE.UU. Anunció la creación del Servicio de Ingresos Externos, que se encargará de gestionar estos ingresos.

En términos de política exterior, enfatizó que medirá el éxito de su gestión por las guerras que se eviten y no por las guerras en las que EE.UU. se involucre. Afirmó que su objetivo es ser recordado como un pacificador y unificador y atribuyó la reciente liberación de rehenes en Medio Oriente a su intervención.

Sobre el Canal de Panamá, Trump expresó su descontento con la transferencia del control a Panamá, afirmando que fue entregado de manera engañosa tras una gran inversión de EE.UU. Denunció cobros excesivos y tratos injustos a embarcaciones estadounidenses y manifestó su preocupación por la creciente influencia de China en la administración del Canal, anunciando su intención de recuperar su control.

Este mensaje refuerza que la tensión entre EE.UU. y China se trasladará en parte a América Latina, particularmente en sectores estratégicos como infraestructura y comercio. Países de la región que han estrechado lazos comerciales con China, incluida Colombia, podrían enfrentar mayor escrutinio por parte de la administración Trump.

Entre otros anuncios, Trump destacó su intención de combatir la inflación, crear el Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE), restaurar la libertad de expresión en EE.UU., establecer como política de Estado que solo existen dos géneros, y renombrar el Golfo de México como el “Golfo de América”.

De acuerdo con la Cámara de Comercio Colombo Americana, AmCham Colombia, para el país, el desafío será mantener una relación constructiva con el Congreso y el sector privado de EE.UU., promoviendo una agenda bipartidista que fortalezca el diálogo y la cooperación. Será fundamental abrir espacios de diálogo de forma propositiva con el gobierno estadounidense, basando la relación en intereses comunes como el control migratorio, la lucha contra el narcotráfico y la integración en las cadenas de suministro estadounidenses.

Garantizar una relación estable y de beneficio mutuo será clave para los ciudadanos de ambos países, precisa la entidad..