El sector de la vivienda en Colombia ha llegado a un punto de inflexión que muestra señales de reactivación de cara a 2026, a pesar de que el 2025 estuvo marcado por una disminución significativa en las inversiones públicas, un entorno fiscal restrictivo y presiones inflacionarias. Así lo reveló la Cámara Colombiana de la Construcción (Camacol), gremio presidido por Guillermo Herrera, al presentar su balance anual.
Según el informe, con corte a octubre de 2025, las ventas y los lanzamientos de vivienda crecieron 11,3 % y 9,7 %, respectivamente, un desempeño liderado principalmente por la Vivienda No VIS (No de Interés Social). El presidente de Camacol, Guillermo Herrera, destacó que, aunque el entorno económico ha sido apretado, el deseo de las familias colombianas por adquirir vivienda sigue vigente.
Para la Vivienda de Interés Social (VIS), la situación fue crítica tras la suspensión del programa nacional ‘Mi Casa Ya’. Sin embargo, la dinámica fue impulsada en ciertas regiones gracias a los programas propios de subsidios para compra de vivienda nueva implementados por Bogotá, Antioquia y Atlántico.
De cara al 2026, el gremio mantiene un optimismo cauteloso frente a la reactivación, a pesar de que el presupuesto asignado a la Vivienda de Interés Social (VIS) es el más bajo en más de una década y la inversión pública en vivienda caerá un fuerte 35,7 %.
Las previsiones de Camacol apuntan a un crecimiento en las ventas de vivienda que oscilaría entre el 5 % y el 12 % en 2026. Además, se proyecta que los inicios de obra volverán a terreno positivo, con un repunte superior al 13 %.
El gremio precisa que este viraje representa una oportunidad para que la vivienda se convierta en un motor para frenar la caída de la inversión privada en la economía nacional, retomando así un camino de crecimiento sostenible impulsado por la inversión y no solo por el consumo.
Añade que en momentos en que otras actividades enfrentan incertidumbres, el sector edificador puede ofrecer empleo, reactivación y una oportunidad para atender una de las principales necesidades de las familias: tener vivienda propia y combatir la informalidad urbana.
Cinco medidas
“La reactivación del sector dependerá de varios factores. En primer lugar, de la situación fiscal y de la capacidad del próximo gobierno para optimizar el gasto social en programas efectivos, como los de vivienda”, afirmó el presidente de Camacol.
Agregó que “también será determinante la evolución de las tasas de interés hipotecarias, influenciada por las decisiones de política monetaria y el riesgo país. A ello se suma la trayectoria de los costos de construcción, que hoy enfrentan presiones al alza”.
Para asegurar la reactivación, Camacol ha propuesto cinco medidas clave: (i) recuperar el programa Mi Casa Ya; (ii) impulsar un programa de Reactivación para Todos; (iii) restablecer incentivos al ahorro, como las cuentas AFC; (iv) promover nuevos modelos de negocio; y (v) avanzar en políticas para construir ciudades ordenadas y sostenibles.
Escasez de vivienda y la conexión con la Inflación
El informe de Camacol enfatiza la conexión directa entre la escasez de oferta de vivienda nueva y la presión inflacionaria que afecta al país. La inflación anual a noviembre se ubicó en 5,3 %, siendo la categoría Alojamiento y Servicios la que más contribuye a este resultado (1,65 puntos porcentuales).
Esta presión en los costos de alojamiento se relaciona directamente con la disminución sostenida de la oferta de vivienda nueva, que ha caído por 19 meses consecutivos. En octubre de 2025, la oferta se situó en 156 mil unidades, representando una reducción de 14 mil unidades frente al año anterior.
Debido a que el pago de alojamiento representa el 21 % de la canasta total del Índice de Precios al Consumidor (IPC) y más del 40 % de lo que consumen los hogares más pobres, la escasez de oferta frente a una creciente demanda urbana (cercana a 370 mil hogares nuevos al año) intensifica la presión sobre el mercado de arriendo. Este desbalance, al tener el arriendo un peso significativo en el IPC, termina impulsando al alza el nivel general de precios.
En este contexto, la promoción efectiva de vivienda formal no solo impulsa la capacidad productiva del país, sino que es un elemento clave para la estabilidad macroeconómica y el control de la inflación.

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