Apagón

Crónica de un apagón anunciado: Colombia entra en zona de riesgo crítico para 2026-2027

La seguridad energética de Colombia se encuentra en su punto más vulnerable de las últimas décadas. Lo que en 2023 eran advertencias técnicas de gremios y expertos, hoy se ha transformado en una realidad inminente: el país enfrenta un riesgo real de racionamiento o apagón energético entre 2026 y 2027.

Esta situación de extrema fragilidad es el resultado de una combinación de factores climáticos, retrasos en infraestructura y decisiones de política pública que no atendieron a tiempo las señales de alerta.

Las proyecciones técnicas son preocupantes. Se estima que el faltante de energía para el periodo 2026-2027 ascenderá a 3,9 TWh, lo que representa un déficit de aproximadamente 450 megavatios constantes. Para dimensionar la magnitud, este vacío equivale al consumo total de una ciudad como Medellín o Cali, o a la demanda conjunta de Barranquilla y Cartagena.

Mientras el consumo nacional sigue creciendo por la electrificación y el desarrollo industrial, la incorporación de nueva “energía firme” se ha estancado debido a la incertidumbre jurídica y retrasos en el licenciamiento.

La trampa de la dependencia hidráulica y El Niño

El sistema eléctrico colombiano mantiene una dependencia estructural del agua, que representa cerca del 58% de su generación. Esta vulnerabilidad se agrava con el reporte del IDEAM, que señala una probabilidad del 95% de un fenómeno de El Niño fuerte o muy fuerte que podría extenderse hasta 2027. Con embalses que, en su mayoría, solo pueden sostener el suministro por unos pocos meses, la presión sobre el sistema es máxima.

Paradójicamente, en este momento crítico, el respaldo térmico (carbón y gas) se ha debilitado. Las decisiones de frenar la exploración de gas y reducir la inversión en carbón han dejado al país con menos herramientas para enfrentar la sequía.

Infraestructura: proyectos estancados y promesas incumplidas

El país llega a esta coyuntura sin haber construido la infraestructura de respaldo necesaria. Entre los factores clave destacan:

Ausencia de nuevas térmicas y embalses: No se avanzó en proyectos de gran escala que proporcionen energía constante cuando las lluvias fallan.

Crisis en las renovables: Aunque se apostó por la transición, los proyectos eólicos y solares en La Guajira enfrentan retrasos críticos por conflictos sociales y consultas previas.

Línea Colectora: El retraso en esta línea de transmisión impide que la energía renovable ya construida llegue al Sistema Interconectado Nacional.

Una crisis financiera que limita la respuesta

A los problemas técnicos se suma una deuda acumulada de 6,9 billones de pesos con las distribuidoras y comercializadoras de energía. Esta asfixia financiera reduce drásticamente la capacidad de las empresas para realizar inversiones urgentes o responder ante contingencias operativas, debilitando aún más la estabilidad del servicio.

Advertencias desoídas

Desde 2023, líderes del sector como Natalia Gutiérrez (Acolgen) y Alejandro Castañeda (Andeg) habían anticipado que, sin señales claras para la inversión y nueva capacidad firme, Colombia “se apagaría en el 27”.

Hoy, con un margen de maniobra casi inexistente, la nación enfrenta las consecuencias de no haber consolidado su infraestructura de respaldo antes de acelerar la transición energética. La fragilidad actual no es solo una amenaza para la industria, sino para la cotidianidad de millones de hogares colombianos.

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