A pesar del optimismo inicial y de los esfuerzos diplomáticos del Ministerio de Minas y Energía, la meta de importar gas natural desde Venezuela enfrenta obstáculos técnicos y legales que, según expertos y fuentes del sector, hacen imposible que el actual Gobierno logre materializar esta operación antes de finalizar su mandato.
La combinación de sanciones internacionales, la exclusión de Ecopetrol del proceso y el avanzado deterioro de la infraestructura necesaria han postergado una solución que se pretendía rápida y económica.
Uno de los mayores reveses para la administración actual es la confirmación de que Ecopetrol no podrá ser la empresa encargada de la importación.
El ministro de Minas, Edwin Palma, admitió que la estatal petrolera colombiana carece de la licencia necesaria por parte de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) de los Estados Unidos para transar con el país vecino.
Aunque se exploró la posibilidad de tramitar un permiso especial, el propio ministro reconoció que este proceso sería complejo y demorado, y que el tiempo es un recurso que el Gobierno ya no tiene a su favor.
Mientras Ecopetrol sigue en lista de espera, solo empresas privadas con licencias vigentes, como Chevron, Shell o Repsol, podrían operar en territorio venezolano, lo que cambia drásticamente el esquema soberano que buscaba el Ejecutivo.
El gasoducto es una ruina de 224 kilómetros
Incluso si se lograra sortear el escollo legal, la realidad física del proyecto es crítica. El gasoducto Antonio Ricaurte, que conecta a ambos países a lo largo de 224 kilómetros, se encuentra deteriorado y fuera de servicio desde 2015.
Informes de consultoras como Wood Mackenzie estiman que la rehabilitación de esta infraestructura podría tardar entre 18 y 24 meses, requiriendo inversiones masivas comparables a la construcción de un proyecto nuevo.
Con un déficit de gas proyectado del 39% para el año 2026, los plazos de reconstrucción simplemente no coinciden con el calendario del presente Gobierno.
Un cierre de gestión sin soberanía gasífera
La urgencia es real dado que Colombia ha empezado a perder su soberanía en el abastecimiento de gas, dependiendo cada vez más de importaciones de Gas Natural Licuado (GNL) mucho más costosas.
Ante la imposibilidad de traer gas venezolano a corto plazo, el Ministerio ha empezado a evaluar medidas desesperadas como la importación de una mayor cantidad de gas licuado de petróleo (GLP) para mitigar el impacto en el mercado interno.
En definitiva, aunque el ministro Palma insista en buscar salidas pragmáticas tras sus reuniones con el gobierno venezolano, diversas fuentes consultadas coinciden en que la promesa de importación de gas venezolano “barato y rápido” se ha chocado con una realidad técnica y política que heredará el próximo gobierno, dejando al actual sin la posibilidad de reinaugurar esta interconexión energética.
Noticia relacionada: https://elnorte.com.co/importar-gas-venezolano-no-es-por-ahora-varios-factores-lo-impiden/

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