En un fuerte discurso pronunciado en Montería, departamento de Córdoba, el presidente Gustavo Petro envió un mensaje de advertencia al país sobre el riesgo de retroceder en las conquistas sociales alcanzadas durante su mandato.
Con un tono de despedida, el mandatario instó a los cordobeses y a todos los colombianos a reflexionar sobre el futuro político de la nación, enfatizando que Colombia no puede permitir el regreso de quienes sembraron el terror en el pasado.
Uno de los puntos más álgidos de la intervención fue la crítica directa a los sectores laborales que apoyan propuestas políticas contrarias a sus propios intereses.
El mandatario expresó su incomprensión ante el hecho de que algunos ciudadanos voten por figuras que proponen desmantelar la estabilidad laboral. “No entiendo a un trabajador que vote por su verdugo y que le esté proponiendo contratos por hora cuando nosotros ya habíamos conseguido el contrato con estabilidad laboral“, sentenció Petro ante la multitud.
El presidente defendió fervientemente el salario mínimo vital y móvil, argumentando que este debe ser suficiente para que las familias vivan con dignidad, calificando de “esclavistas” las propuestas que buscan reemplazarlo por contratos por horas miserables.
Para el mandatario, estos logros en justicia social y equidad representan una “bandera irreversible“ que el pueblo debe defender para evitar que sean arrasadas.

Advertencia contra los “espectros de la muerte”
En un territorio históricamente golpeado por la violencia, Petro fue enfático al pedir que no se le devuelva el poder a las fuerzas ligadas al paramilitarismo.
El presidente de Colombia recordó con crudeza los años de las motosierras, las fosas comunes y los hornos crematorios que cobraron la vida de miles de campesinos humildes en Córdoba y toda Colombia.
“Espero que el pueblo consulte su cerebro y su corazón y no nos devuelva a los paracos que asesinaron tantos campesinos y campesinas”, manifestó, añadiendo que sería “triste” que el país devolviera a la Casa de Nariño a defensores del paramilitarismo que, según sus palabras, “crucificó 200.000 vidas“.
El jefe de Estado contrastó su visión de gobierno, simbolizada por “mariposas amarillas” y la presencia del pueblo, frente a lo que denominó una política de “oligarcas, terratenientes, matarifes y genocidas”.
Tierra para el campesino y orden a la fuerza pública
El jefe de Estado también aprovechó el escenario para reiterar su política de tierras. Dio una orden clara a la Policía Nacional: “Cuidar a los campesinos, cuidar sus tierras e ir por las tierras de los mafiosos”.
Mencionó casos específicos de apropiación de tierras, instando a que ninguna hectárea en manos de criminales quede sin ser repartida entre el campesinado de Córdoba y del país.
Finalmente, bajo las estrellas de su natal Córdoba y junto al río Sinú, Petro hizo un llamado a no perder el “camino de la historia“, esperando que su gestión sea recordada por haber demostrado que un cambio profundo en Colombia sí era posible.

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