La creciente confrontación entre el presidente electo, Abelardo De la Espriella, y el expresidente Álvaro Uribe Vélez ha desatado un intenso debate político sobre el futuro de la derecha colombiana.
Analistas y dirigentes de distintos sectores consideran que las recientes decisiones del mandatario electo evidencian un propósito de consolidar un liderazgo propio que terminaría desplazando al exmandatario como principal referente de ese sector ideológico.
La controversia se profundizó tras la disputa por la presidencia del Senado, donde De la Espriella decidió respaldar la candidatura del senador Alfredo Deluque, mientras el Centro Democrático, bajo el liderazgo de Uribe, insistió en postular a Honorio Henríquez.
El episodio dejó en evidencia la primera gran fractura entre los dos líderes, apenas semanas antes de la posesión presidencial.
Diversos observadores políticos sostienen que el presidente electo busca construir una nueva coalición de derecha bajo su conducción, disminuyendo la influencia que durante más de dos décadas ejerció Uribe sobre ese espectro político.
Según esta interpretación, De la Espriella pretende que el uribismo deje de ser un movimiento identificado exclusivamente con el expresidente y pase a integrarse alrededor de su nuevo proyecto de gobierno.
Reiteradas diferencias públicas
Esta percepción se ha fortalecido por las reiteradas diferencias públicas entre ambos dirigentes, que contrastan con la armonía que inicialmente se esperaba tras el respaldo que Uribe le otorgó a De la Espriella en la segunda vuelta presidencial. En ese momento, el exmandatario reconoció la derrota de la candidatura de Paloma Valencia y llamó a votar por el hoy presidente electo, en un gesto que fue interpretado como el inicio de una alianza estratégica.
Sin embargo, las diferencias comenzaron a hacerse visibles con la conformación del nuevo gobierno y, especialmente, con la puja por el control del Congreso. Para algunos dirigentes políticos, la decisión de impulsar candidatos distintos a los promovidos por el Centro Democrático refleja la intención del nuevo mandatario de marcar distancia frente al liderazgo histórico de Uribe y consolidar una estructura política propia.
Expertos consultados consideran que De la Espriella es consciente de que el ejercicio de la Presidencia le otorga un capital político superior al de cualquier otro dirigente de la derecha, circunstancia que aprovecharía para convertirse en el principal referente de ese sector de cara a los próximos años.
Incluso, durante la campaña presidencial ya habían surgido análisis que advertían sobre un eventual relevo en el liderazgo de la derecha colombiana y el debilitamiento de la hegemonía política del expresidente Uribe.
No obstante, otros analistas consideran prematuro hablar de un desplazamiento definitivo del exmandatario. Señalan que Uribe conserva una importante base política, una estructura partidista consolidada y una influencia determinante dentro del Centro Democrático, factores que seguirán siendo decisivos en la gobernabilidad del nuevo Ejecutivo.
La prueba de fuego
En ese contexto, la elección de la mesa directiva del Senado, prevista para el 20 de julio, es vista como la primera gran prueba de fuerza entre el presidente electo y el líder histórico del uribismo.
El resultado no solo definirá el control de una de las corporaciones más importantes del Estado, sino que también permitirá medir cuál de los dos dirigentes tiene mayor capacidad para cohesionar a la derecha colombiana de cara al inicio del nuevo gobierno.
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