La emergencia ocurrió en el sector de El Chambero, zona rural de Santa Bárbara de Iscuandé. Siete personas resultaron heridas. La mayoría de las víctimas mortales eran mujeres cabeza de hogar que trabajaban para sostener a sus familias.
Una nueva tragedia minera enluta al departamento de Nariño. El derrumbe de una mina artesanal de oro en el municipio de Santa Bárbara de Iscuandé dejó un saldo de 14 personas fallecidas y siete heridas, según el balance entregado por las autoridades departamentales. De las víctimas mortales, 12 eran mujeres, muchas de ellas madres cabeza de hogar.
La emergencia se registró el lunes 19 de octubre en el sector de El Chambero, una zona rural del Pacífico nariñense donde comunidades locales se dedican a la extracción artesanal de oro. El colapso de la explotación provocó la muerte de trabajadores que buscaban obtener ingresos para responder por sus hogares.
La Dirección Administrativa de Gestión del Riesgo de Desastres de Nariño confirmó el balance de víctimas y el cierre de las labores de búsqueda y rescate. Concluida esa fase, las autoridades concentran sus esfuerzos en la atención de los sobrevivientes y el acompañamiento a los familiares de las personas fallecidas.
Doce mujeres entre las víctimas
El gobernador de Nariño, Luis Alfonso Escobar Jaramillo, expresó su dolor por la magnitud de la tragedia y por las condiciones de vulnerabilidad de las personas que perdieron la vida.
El mandatario destacó que la mayoría de las mujeres fallecidas eran responsables del sostenimiento económico de sus familias y dependían de la actividad minera para conseguir el sustento diario.
El hecho también habría afectado a integrantes de un mismo núcleo familiar, lo que aumenta el impacto social de la emergencia en una comunidad donde la minería artesanal constituye una fuente importante de ingresos.
La tragedia reavivó las preocupaciones sobre las condiciones de seguridad en las explotaciones mineras informales y la necesidad de avanzar en procesos que permitan a las comunidades desarrollar esta actividad con mayores garantías.
Siete heridos y dificultades para atender la emergencia
Además de las 14 personas fallecidas, otras siete resultaron heridas. De acuerdo con los reportes conocidos por las autoridades, cuatro de ellas se encontraban en estado crítico, por lo que requerían atención médica especializada.
La capacidad hospitalaria del municipio y las dificultades de acceso a esta zona del Pacífico complicaron la atención de los lesionados. Los traslados hacia otros centros asistenciales, incluidos los de mayor complejidad, dependían del apoyo aéreo.
A estas dificultades se sumaron los problemas de orden público en la región, donde la presencia de grupos armados ilegales representa un obstáculo para el ingreso de equipos de socorro y otras autoridades.
La Agencia Nacional de Minería informó que las condiciones de acceso y seguridad impedían inicialmente la llegada de sus equipos de salvamento al sitio de la emergencia.
Gobernador pide acelerar la formalización minera
Tras el accidente, Escobar reiteró el llamado al Gobierno nacional, al Ministerio de Minas y Energía y a la Agencia Nacional de Minería para revisar las solicitudes de formalización pendientes en el departamento.
Según el gobernador, en Nariño existen 181 solicitudes de áreas de reserva especial minera, algunas con más de 20 años de espera. El mandatario insistió en que las comunidades que dependen de la minería artesanal necesitan alternativas que les permitan trabajar en condiciones dignas y seguras.
La formalización busca que estas actividades puedan desarrollarse bajo requisitos técnicos, ambientales y de seguridad, con el acompañamiento institucional correspondiente. Para las comunidades mineras, el reto consiste en mantener su principal fuente de ingresos sin exponerse a riesgos que comprometan sus vidas.
Segunda tragedia minera de gran magnitud en Nariño
El derrumbe de Santa Bárbara de Iscuandé no es un caso aislado. El pasado 19 de agosto, otro accidente en una mina artesanal del municipio de Policarpa dejó 13 personas fallecidas.
Con los dos episodios, el departamento suma 27 víctimas mortales en accidentes mineros en menos de tres meses, una cifra que vuelve a poner sobre la mesa la urgencia de fortalecer la prevención, mejorar las condiciones laborales y resolver los trámites de formalización.
La tragedia de Iscuandé deja, además del dolor por las 14 vidas perdidas, una nueva alerta sobre la situación de las familias que dependen de la minería de pequeña escala en zonas apartadas del país. Las autoridades enfrentan ahora el desafío de garantizar atención a los afectados y avanzar en medidas que eviten que una emergencia similar vuelva a repetirse.
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