Tres pasos clave para elegir el mejor destino inversión en bienes raíces

Al elegir un país y una ciudad para invertir en bienes raíces es fundamental partir de una estrategia clara y de un horizonte de inversión compatible con los objetivos patrimoniales: acceder a ingresos periódicos en moneda dura, preservar valor en el tiempo o diversificar en activos reales con fundamentos sólidos.

“Esta definición permite establecer criterios técnicos para analizar riesgos, fundamentos de mercado y condiciones de ejecución”, así lo dio a conocer Darío Silva, CCO en el Cono Sur de Dividenz.

En primer lugar, el marco institucional del país debe ofrecer previsibilidad legal y estabilidad macroeconómica para el inversor. Aun cuando una ciudad muestre fundamentos atractivos, si el entorno regulatorio no permite planificar ni proteger el capital, la exposición al riesgo se amplifica.

En segundo lugar, “es clave evaluar los fundamentos de la ciudad: dinámica demográfica, evolución del empleo, desarrollo de infraestructura y posición dentro del mercado inmobiliario. Estas variables permiten proyectar el comportamiento del activo y estimar con mayor precisión su capacidad de generación de ingresos a lo largo del tiempo”, recalcó Silva.

Finalmente, el análisis debe descender al nivel del submercado. En real estate, las diferencias dentro de una misma ciudad pueden ser significativas: zonas con exceso de oferta conviven con otras de alta demanda y restricciones de suelo, lo que condiciona directamente la estabilidad de las rentas y la proyección de salidas razonables en el tiempo.

“A la hora de seleccionar nuestros activos, abordamos estas variables mediante un riguroso proceso de due diligence. Nuestros productos de inversión están respaldados por activos inmobiliarios multifamiliares, industriales y comerciales ya construidos, alquilados y operativos en Estados Unidos”, aseveró el experto.

A la pregunta, ¿cuál es el atractivo más fuerte de EE. UU. como destino de inversión en bienes raíces? Silva respondió que Estados Unidos ofrece una combinación difícil de replicar: escala, previsibilidad y profesionalización.

“Es un país donde el sector inmobiliario opera con altos estándares institucionales, marcos regulatorios consolidados y un acceso amplio a información del mercado. Esto permite tomar decisiones basadas en datos, con mayor control ante un posible riesgo”.

A nivel macroeconómico, el entorno también es propicio. La solidez de su moneda, la mayor estabilidad política, la calidad crediticia del país y la existencia de políticas monetarias más predecibles, representan un diferencial clave frente a economías con alta volatilidad.

“Para muchos inversores, especialmente aquellos de América Latina, eso se traduce en la posibilidad de preservar capital en dólares y generar ingresos en una moneda fuerte”, subrayó.

Finalmente, la gran sofisticación del ecosistema inmobiliario hace posible que el común de los inversores pueda acceder a activos que antes estaban reservados únicamente para grandes fondos o capitales. Eso ha ampliado las oportunidades de diversificación para los latinoamericanos, con una mayor eficiencia operativa y niveles de riesgo más controlados.