La reciente transformación del panorama político y regulatorio en Venezuela, marcada por una apertura sin precedentes al capital privado tras un cambio de gobierno, ha generado importantes expectativas en el sector energético colombiano.
Con las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, estimadas en 303.000 millones de barriles, el vecino país busca recuperar una industria que hoy produce apenas un millón de barriles diarios, pero que tiene el potencial geológico de multiplicar esa cifra por cuatro o cinco bajo condiciones adecuadas.
El pilar de esta transformación es la nueva Ley Orgánica de Hidrocarburos, la cual busca incentivar la inversión y brindar estabilidad económica mediante una flexibilidad contractual antes inexistente.
Este cambio normativo permite ahora la participación mayoritaria del capital privado, tanto nacional como internacional, en actividades críticas de exploración y producción, superando el modelo histórico de empresas mixtas con control estatal predominante.
Además, la ley introduce incentivos fiscales, la posibilidad de arbitraje internacional y un menor control parlamentario, factores que buscan atraer a los grandes jugadores del mercado global.
La recuperación no será automática
Sin embargo, expertos como Frank Pearl, presidente de la Asociación Colombiana del Petróleo (ACP), advierten que la recuperación no será automática.
La idea es que el sector de hidrocarburos venezolano enfrenta un grave deterioro de su infraestructura, falta de inversión sostenida y un entorno sancionatorio que, aunque en proceso de normalización, aún condiciona el acceso a financiamiento y tecnología.
Se estima que, en un escenario favorable, Venezuela podría alcanzar los 1,5 millones de barriles por día hacia el año 2030.
El impacto en Colombia: Riesgos y oportunidades
Para Colombia, este “despertar” energético de su vecino representa un escenario de doble efecto. Por un lado, existe un riesgo estratégico a mediano y largo plazo: la competencia por el capital internacional.
Si Venezuela logra consolidar su seguridad jurídica, podría desviar flujos de inversión que antes veían en Colombia un refugio de estabilidad regional. Asimismo, el crudo venezolano podría desplazar al colombiano en mercados clave como las refinerías del Golfo de México.
Por otro lado, la integración regional surge como la gran oportunidad. En el ámbito del gas natural, el potencial venezolano es incluso más significativo, lo que facilitaría esquemas de cooperación y complementariedad energética que beneficien a ambos países a través de la infraestructura existente.
La reactivación de estas fuentes podría llevar la producción de gas en el vecino país a los 7.000 millones de pies cúbicos diarios (MPCD) a largo plazo.
La urgencia de mantener la competitividad
Ante este nuevo tablero geopolítico, la recomendación de los gremios es clara: Colombia no puede ceder terreno en su competitividad estructural. Para contrarrestar el atractivo venezolano, es imperativo que el país fortalezca su seguridad jurídica, garantice estabilidad regulatoria y fiscal, y agilice el licenciamiento ambiental.
“Hoy, más que nunca, se requiere que Colombia apueste decididamente por el sector de hidrocarburos”, señaló Frank Pearl a Semana, subrayando la necesidad de reactivar las rondas de asignación de áreas para exploración y producción, incluyendo el desarrollo de yacimientos no convencionales.
Aunque el impacto de Venezuela no será inmediato debido a sus limitaciones estructurales actuales, el país debe prepararse para una competencia regional mucho más agresiva por los recursos y el talento.
Noticia relacionada: https://elnorte.com.co/importacion-de-gas-venezolano-afectaria-el-proyecto-sirius-2/

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