El papel del carbón como respaldo energético clave ante el riesgo por El Niño en Colombia

La llegada del fenómeno de El Niño está reconfigurando el debate energético en Colombia. En un sistema altamente dependiente del agua, y en donde los proyectos solares actualmente activos solo permiten tener energía durante el día, el carbón vuelve a posicionarse como un activo estratégico para garantizar la continuidad del suministro eléctrico y evitar escenarios de desabastecimiento.

El carbón ofrece ventajas estructurales frente a otras fuentes: Es un recurso disponible localmente, con cadenas logísticas consolidadas, permite generación continua y predecible, independiente de las condiciones climáticas y tiene capacidad para operar de forma sostenida durante períodos prolongados de alta demanda o baja hidrología.

La historia reciente respalda esta tesis. Durante el fenómeno de El Niño de 2015-2016, las plantas térmicas evitaron un racionamiento nacional al suplir la caída de las hidroeléctricas, generando cerca del 28% de la energía del país; de este aporte, el 18% provino exclusivamente del carbón.

Actualmente, las plantas térmicas a carbón cuentan con una capacidad instalada de 1.653 MW, suficiente para atender la demanda de unos 6,6 millones de usuarios, una cifra comparable a la población de Bogotá.

El riesgo de una transición acelerada

A pesar de su importancia estratégica, el sector enfrenta un clima de incertidumbre institucional. Expertos y gremios advierten que las señales del gobierno Petro, como la decisión de no promover nuevos contratos de exploración de combustibles fósiles y el aumento de la carga tributaria, han reducido el atractivo de inversión en esta industria.

Prescindir aceleradamente de esta fuente de energía firme podría poner en riesgo la continuidad del servicio eléctrico durante crisis climáticas. Según los modelos del sistema, en un escenario crítico de sequía, la generación térmica deberá operar de manera intensiva, superando los 100 GWh/día para evitar apagones. El carbón, al ser un recurso disponible localmente con cadenas logísticas ya consolidadas, se presenta como el seguro energético que hace viable la transición hacia fuentes más limpias sin sacrificar la resiliencia del sistema.

Un contexto global de pragmatismo

Colombia no es el único país reevaluando el papel del carbón. A nivel mundial, este mineral representa cerca del 35% de la generación eléctrica.

Países como China e India continúan incorporando capacidad a carbón para fortalecer su seguridad interna, mientras que las tensiones geopolíticas han llevado a diversas naciones a replantear el ritmo de retiro de sus plantas térmicas para priorizar la estabilidad del suministro.

Impacto económico y social

Más allá de la luz en los hogares, el futuro del carbón es un debate de estabilidad fiscal. Este sector genera al menos 650.000 empleos y aporta el 80% de las regalías mineras del país. En un escenario de menor hidrología y retrasos en nuevos proyectos de generación, el carbón vuelve a ocupar el centro de la discusión: no como un obstáculo para la sostenibilidad, sino como el recurso fundamental que garantiza que la energía esté disponible cuando más se necesita.

La conclusión para los analistas es clara: en contextos de incertidumbre climática, la confiabilidad del sistema eléctrico colombiano seguirá dependiendo, en gran medida, de contar con fuentes firmes de respaldo como el carbón.