La alta toxicidad y la dificultad extrema para identificar el talio, el metal pesado que causó la muerte de dos menores en Bogotá el pasado abril, ha puesto en alerta a la comunidad científica y a las autoridades. El ingeniero Oswaldo Del Castillo, presidente de la Sociedad de Ingenieros Químicos en el Atlántico, hizo un llamado de atención sobre las propiedades letales de esta sustancia, en el marco de la investigación que actualmente adelanta la Fiscalía General de la Nación por el crimen ocurrido en la capital colombiana.
Según Del Castillo, el talio es considerado el “veneno del envenenador”. Es un tóxico sumamente difícil de detectar debido a su naturaleza silenciosa y engañosa. “Cuando está disuelto, el talio es inodoro, incoloro e insípido, lo que lo hace prácticamente indetectable a simple vista y facilita su administración sin que la víctima lo perciba”, expresó. Esta invisibilidad es lo que permite que sea fácil de confundir con otras afecciones, como infecciones, problemas digestivos, intoxicaciones alimentarias, neuropatías o enfermedades autoinmunes.
Explicó el presidente de la Sociedad de Ingenieros Químicos en el Atlántico que el talio actúa lentamente durante días o semanas, lo que complica la identificación del momento exacto de la intoxicación y obstaculiza la investigación. Una vez en el cuerpo, este metal se acumula en los tejidos, causando daños en los órganos, problemas gastrointestinales, y alteraciones nerviosas y cardiovasculares.

Avance en la investigación del caso
La clarificación sobre la peligrosidad del talio se produce a propósito del caso que impactó a Bogotá en abril, cuando dos jóvenes de 13 y 14 años murieron tras consumir frambuesas contaminadas con este metal. Las frutas con chocolate llegaron como un supuesto regalo sin remitente al hermano de una de las víctimas. Una tercera menor se encuentra en recuperación fuera de Colombia debido a la gravedad de los efectos.
La investigación judicial ha tomado un impulso significativo con la decisión de la Fiscalía de expedir una orden de captura y tramitar una notificación roja de Interpol contra Zulma Guzmán Castro. Guzmán Castro, quien fue amante de Juan de Bedout (padre de una de las menores fallecidas), es señalada de haber ejecutado el homicidio premeditado. Una fuente del organismo investigador indicó que ella “Sería quien planeó todo. Desde la obtención del metal hasta su entrega”.
Las pistas clave que permitieron el avance de la investigación incluyen un vínculo sentimental, Juan de Bedout reveló a la Fiscalía detalles de su relación extramatrimonial con Guzmán Castro entre 2017 y 2018.
También, antecedentes de vigilancia, pues Bedout informó que Guzmán Castro se había hecho pasar por agente inmobiliaria para ingresar a su edificio e instalar un GPS en su vehículo. Igualmente, se cuenta con pruebas digitales. La Fiscalía ubicó al domiciliario que entregó las frambuesas. El encargo salió de la oficina de un tarotista, y el rastreo de llamadas detectó comunicación al mensajero desde un número de Argentina que pertenecería a Guzmán Castro.
Las autoridades también investigan la posible intoxicación crónica, tras la detección de talio en exámenes practicados al propio De Bedout y a otro de sus hijos, quienes no ingirieron las frambuesas. Adicionalmente, se habría detectado talio en el cuerpo de la esposa del economista, fallecida por cáncer en 2020.
Aunque Guzmán Castro ha negado su participación y asegura no haber huido de Colombia, afirmando que estaba trabajando en Argentina y luego se trasladó a España y Reino Unido, los abogados de la familia De Bedout esperan que la persona responsable sea condenada a más de 50 años de cárcel por el doble homicidio y la doble tentativa. Por el momento, el proceso sigue en la etapa de espera de la captura e imputación de cargos por parte de la Fiscalía.
La gran incógnita que sigue abierta en el caso es cómo la presunta responsable accedió al talio, una sustancia cuyo uso como veneno para ratas fue prohibido hace más de 50 años por su peligrosidad. Actualmente, el talio se utiliza solo en industrias especializadas de alta tecnología. El tratamiento específico para la intoxicación por talio es el ferrocianuro férrico, conocido como azul de Prusia.

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