En puertas de la consulta universitaria programada para este jueves 2 de octubre, la elección del nuevo rector de la Uniatlántico se ha convertido en el escenario de una intensa disputa política entre el petrismo y los tradicionales poderes regionales, encarnados en la Casa Char.
De esta manera, lo que debía ser un proceso académico ha escalado a un pulso de poder con intereses estratégicos para ambos bandos, que desde ya es una antesala de lo que serán las elecciones a Congreso, Presidencia, Gobernación y Alcaldías.
Según lo anunciado por la universidad, la consulta interna servirá de insumo para que el Consejo Superior —órgano decisorio— tome la decisión final sobre el rector para el período 2025‑2029.
La convocatoria para el nuevo rector de la Universidad de Atlántico incluye la presentación pública de propuestas, la validación de hojas de vida y objeciones al listado preliminar de aspirantes.
La universidad ha justificado el proceso como una forma de incorporar la voz de la comunidad (estudiantes, profesores, administrativos) en la designación rectoral.
Sin embargo, a horas de la consulta, persisten dudas sobre su papel real: ¿será vinculante o simplemente simbólica? ¿Hasta qué punto los votos internos influirán sobre las maniobras políticas externas? Observadores y miembros de la comunidad universitaria advierten riesgos de manejo discrecional o intervenciones de terceros.
Un enfrentamiento político con caras conocidas
Las señales de que la elección va más allá del plano académico son claras. En la contienda están involucrados actores con poder político en la región.
En uno de los bandos figura la Casa Char, histórico bastión del poder político en Barranquilla y el Atlántico. Han sido acusados de mantener control sobre la universidad a través de apoyos a candidatos afines a su estructura.
Pero en esta ocasión el clan Char aparentemente estaría dividido: Alejandro Char, alcalde de Barranquilla, apoya la candidatura de Leyton Barrios, mientras que Arturo Char, exsenador, respalda al rector actual, Danilo Hernández.
Por el otro frente, el Gobierno nacional ha entrado al terreno universitario. El petrismo impulsa la candidatura de Wilson Quimbayo, quien ha recibido apoyos públicos del ministro del Interior, Armando Benedetti, quien en redes sociales lo ha presentado como un “hombre probo, preparado” para conducir la universidad.
Esta intervención del ejecutivo genera críticas entre quienes consideran que la rectoría no debe estar sujeta a influencias partidistas desde el Gobierno nacional.
En efecto, esta disputa refleja una puja política por el control institucional. Ganar la rectoría implica tener influencia sobre el presupuesto universitario —alto para la región—, nombramientos internos y decisiones estratégicas.
Riesgos, demandas y desconfianzas
La comunidad universitaria, desde ya, expresa preocupación. Hay quienes advierten que el proceso podría estar permeado por irregularidades, falta de transparencia y presión política.
Aspectos como la publicación tardía de hojas de vida, el montaje logístico de la consulta y la ausencia de claridad sobre garantías alimentan el escepticismo.
Además, el Ministerio de Educación ha anunciado que “vigilará estrictamente” el proceso, con apoyo de entidades de control, en respuesta a las quejas presentadas por la comunidad universitaria.
En paralelo, un sector de la institución recuerda que en etapas anteriores la posible reelección del rector Hernández generó protestas estudiantiles y polarización interna.
Lo que está en juego
El rector que resulte electo no solo administrará la universidad, sino que también ejercerá influencia sobre la política universitaria en el Caribe colombiano, podrá modelar alianzas con los gobiernos nacional y regional, y podría consolidar posiciones políticas para las elecciones locales y nacionales.
Para la Casa Char, conservar la rectoría implicaría mantener la hegemonía local. Para el petrismo, conquistar Uniatlántico es un signo de avance del proyecto nacional en regiones donde hasta ahora el poder local ha sido monopolizado por estructuras tradicionales.
Así las cosas, la consulta interna del 2 de octubre será, en este contexto, una fecha decisiva: más que elegir rector, será una prueba de fuerzas políticas y de legitimidad institucional.
El resultado arrojará pistas sobre qué grupo tendrá mayor ascendencia sobre una de las universidades públicas más relevantes del Caribe colombiano.
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