A pesar de que el fenómeno de El Niño aún no ha mostrado su mayor intensidad, los niveles de los embalses destinados a la generación de energía ya se sitúan por debajo de la senda de referencia, lo que ha despertado una profunda preocupación entre expertos y gremios del sector.
La situación es atípica y alarmante: el sistema está perdiendo reservas hídricas a un ritmo acelerado sin haber entrado plenamente en la temporada de sequía más severa, lo que coloca al país ante un riesgo real de racionamientos eléctricos si no se toman medidas correctivas inmediatas.
Es decir, que sin haber entrado el llamado “Súper El Niño“, los embalses utilizados para la generación de la energía hidráulica ya están descendiendo, lo que enciende aún más las alarmas y se ratifica que cuando la sequía se intensifique los racionamientos eléctricos no se harán esperar.
La Asociación Nacional de Empresas Generadoras (ANDEG) ha manifestado su inquietud ante la rapidez con la que los niveles de agua han descendido. Según el gremio, la explicación técnica radica en que la demanda de energía ha seguido creciendo mientras que los aportes hídricos (lluvias) han sido significativamente menores a lo esperado para esta época del año.
ANDEG explica que, al estar por debajo de la senda de referencia —el indicador técnico que marca el nivel mínimo de agua que deben tener los embalses para garantizar el suministro futuro—, el sistema pierde su “colchón” de seguridad.
Técnicamente, esto significa que la capacidad de respuesta de las hidroeléctricas para los próximos meses, cuando El Niño se intensifique, está seriamente comprometida.
Sin embargo, el presidente ejecutivo de ANDEG, Alejandro Castañeda, aclara que esta situación debe interpretarse como una señal preventiva y no como una alerta roja.
“Esa es una senda de referencia, no una senda de preocupación. Alrededor de ella existen unos mínimos y máximos históricos que muestran el comportamiento esperado de los embalses. Lo que tenemos hoy es un semáforo amarillo, no un motivo para alarmarse“, explicó a CAMBIO.
El fantasma del racionamiento
La inminencia de un déficit energético no es una posibilidad lejana. Los analistas del sector señalan que si los embalses no logran estabilizarse, el país tendrá que depender exclusivamente de las plantas térmicas, las cuales ya están operando a una capacidad considerable para intentar preservar el agua restante.
Sin embargo, si la generación térmica no es suficiente para cubrir la brecha o si los precios de los combustibles para estas plantas se disparan, el Gobierno podría verse obligado a implementar racionamientos programados para evitar un colapso total de la red.
Los próximos meses serán cruciales para determinar si la infraestructura energética colombiana puede resistir un fenómeno de El Niño que, paradójicamente, ya está ganando la batalla antes de empezar su etapa más fuerte.

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