La Fundación Gases del Caribe es una organización que durante más de dos décadas ha sido un pilar fundamental en la transformación social del Caribe colombiano.
Bajo el liderazgo de su directora ejecutiva, Diana Santiago Paternina, la Fundación ha consolidado un modelo de intervención que trasciende la ejecución de recursos para enfocarse en transformar realidades de manera tangible.
La directora Diana Santiago habló con El Norte sobre los logros y el alcance de esta entidad.
¿Cuál es el balance de la Fundación sobre las acciones sociales que realizaron en 2025?
El 2025 fue un año de consolidación para la Fundación Gases del Caribe. Más allá de una inversión social considerable en el que el balance refleja un impacto tangible en la vida de las personas.
Avanzamos en la construcción de un modelo de intervención que no solo ejecuta recursos, sino que transforma realidades. Hoy podemos hablar de estudiantes que mejoraron significativamente sus capacidades de lectura, de jóvenes que acceden a educación superior y de comunidades que fortalecen sus ingresos a través del emprendimiento.
Este balance nos confirma que vamos por el camino correcto, el de generar impacto sostenible y medible en la región Caribe.
¿Cuál es el mayor énfasis que viene haciendo la Fundación para impactar a las comunidades?
El mayor énfasis ha estado en el desarrollo de capacidades. La Fundación ha entendido que el verdadero cambio ocurre cuando las personas cuentan con herramientas para transformar su propia realidad.
Por eso, hemos centrado nuestros esfuerzos en dos grandes frentes: la educación como motor de oportunidades y el emprendimiento como vehículo de autonomía económica.
Este enfoque nos ha permitido pasar de modelos asistenciales a procesos sostenibles, donde las comunidades no solo reciben apoyo, sino que se convierten en protagonistas de su propio desarrollo.

¿Qué programas vienen desarrollando este año?
La Fundación continúa fortaleciendo una agenda social estructurada en tres líneas estratégicas.
En educación, programas como Aprende y Becas a la Excelencia siguen impulsando el acceso, la permanencia y la calidad educativa en la región.
En emprendimiento, se consolidan iniciativas como Arte y Tejido, Rosquitas de Chorrera y otros proyectos productivos que conectan a las comunidades con mercados reales y oportunidades comerciales.
Y en sostenibilidad, programas como Reciclarte promueven la economía circular, integrando desarrollo económico con cuidado ambiental.
Todos estos programas tienen un enfoque integral que combina formación, acompañamiento y generación de ingresos.

¿Aproximadamente a cuántas personas impacta la Fundación con las acciones que adelanta?
El alcance de la Fundación se extiende a miles de personas en la región Caribe.
Solo en educación, más de 700 estudiantes han sido beneficiados directamente, mientras que en emprendimiento y desarrollo comunitario el impacto se traduce en cientos de familias que hoy cuentan con mayores oportunidades económicas.
Sin embargo, el verdadero alcance va más allá de las cifras: cada programa impacta entornos completos, dinamizando comunidades en departamentos como Atlántico, Magdalena y Cesar.
¿Hasta qué punto todos estos programas han incidido en el mejoramiento de la calidad de vida de las personas beneficiadas?
La incidencia ha sido profunda y, sobre todo, medible.
En educación, los avances en comprensión lectora y desempeño académico están cambiando las trayectorias de vida de los estudiantes.
En emprendimiento, los ingresos generados han permitido a las familias mejorar su estabilidad económica, acceder a nuevos mercados y proyectar sus negocios a largo plazo.
En conjunto, estos resultados evidencian una mejora real en la calidad de vida, a través de más oportunidades, mayor autonomía y un fortalecimiento del tejido social en las comunidades donde intervenimos.
En esencia, el propósito de la Fundación es generar transformaciones y progreso que perduren en el tiempo.

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