El sector de las obras civiles en Colombia atraviesa un momento crítico que amenaza con lastrar el crecimiento económico del país a largo plazo. Según el más reciente informe de Anif, la producción de este sector ha sufrido una estrepitosa caída del 46% en comparación con su nivel máximo alcanzado a finales de 2019.
De acuerdo con el informe, esta parálisis no solo afecta al cemento y al acero, sino que ha generado un quiebre estructural en la productividad y la inversión nacional.
El diagnóstico de Anif destaca que el sector de la construcción es el motor de la inversión en Colombia, aportando el 52% de los bienes y servicios destinados a la formación bruta de capital fijo, superando ampliamente el 35% de la industria manufacturera.
“Cuando la construcción y la infraestructura se contraen, no hay otro sector económico con la capacidad de compensar esa caída”, advierte el informe, destacando que mientras la maquinaria y equipo ya superaron sus niveles prepandemia, las obras civiles se mantienen rezagadas en apenas un 64% de lo registrado en 2019.
Este estancamiento ha derivado en una paradoja laboral: aunque el sector emplea hoy a más personas que antes de la pandemia (pasando de 1,4 a 1,6 millones de ocupados), la productividad por trabajador ha caído más del 20% desde 2020. En términos simples, el sector es hoy menos eficiente, generando menos valor a pesar de contar con una mayor fuerza de trabajo.
El desafío fiscal y el “fantasma” del DR13
La crisis se ve agravada por una estrechez fiscal sin precedentes, con un déficit público que oscila entre el -4% y -7% del PIB y una caja de la Nación en mínimos históricos. A esto se suma una presión contractual inminente, el Diferencial de Recaudo del año 13 (DR13) de los proyectos 4G.
Se estima que entre 2027 y 2030 el Estado deberá cumplir obligaciones por este concepto de entre $12 y $15 billones de pesos, debido a que el tráfico en los peajes no alcanzó las proyecciones originales. Anif advierte que el Fondo de Contingencias podría no ser suficiente para cubrir esta brecha, lo que obliga a buscar esquemas de pagos escalonados para preservar la credibilidad contractual del Estado.
Hoja de Ruta 2026-2030: Cuatro pilares para la reactivación
Ante este panorama, la Asociación propone una estrategia integral basada en cuatro frentes simultáneos para el próximo cuatrienio:
1. Restablecer la confianza contractual: Es vital para movilizar capital privado en un entorno de recursos públicos limitados.
2. Diversificar el financiamiento: Ante el agotamiento de las vigencias futuras, se propone potenciar programas como “Obras por Impuestos” y articular el Sistema General de Regalías para proyectos regionales.
3. Priorización estratégica: Se urge a la adjudicación inmediata de Iniciativas Privadas (IP) que no requieren desembolsos públicos, como la expansión del aeropuerto El Dorado (El Dorado MAX), los Aeropuertos del Suroccidente y la Ciudadela Aeroportuaria de Bayunca.
4. Recuperación de la red terciaria: Más que una política de transporte, ANIF plantea la intervención de las vías rurales como una herramienta de “construcción de Estado” y seguridad en zonas afectadas por cultivos ilícitos.
El informe concluye que la infraestructura debe ser la palanca contracíclica para dinamizar la economía. Sin embargo, el éxito de esta hoja de ruta dependerá de la capacidad del próximo gobierno para atraer inversión privada y resolver los cuellos de botella en proyectos clave como Villeta–Guaduas y las adiciones pendientes en las concesiones de cuarta generación (4G).
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