Aunque a primera vista las cifras del mercado laboral en Colombia parecen positivas, un análisis profundo del Centro de Estudios Económicos Anif revela una realidad preocupante. Según el más reciente Comentario Económico de la entidad, la Tasa de Desocupación (TD) se situó en el 10,9% en enero de 2026, una mejora frente al 11,6% registrado en el mismo mes del año anterior; sin embargo, esta reducción no responde a un mercado dinámico, sino a una menor participación de la fuerza laboral.
El informe indica que la caída de 0,8 puntos porcentuales en el desempleo se explica principalmente por la Tasa General de Participación (TGP), que aportó 0,7 puntos a esa reducción. En términos sencillos, el desempleo bajó no porque haya más personas trabajando, sino porque menos colombianos están saliendo a buscar empleo.
“La menor participación laboral limita el nivel de ingreso de los hogares y compromete los aportes a seguridad social. Además, amenaza el pleno uso de los factores de producción que terminan por limitar la capacidad productiva del país, sobre todo ante la creciente demanda interna”, afirma Anif, centro de estudios presidido por José Ignacio López.
El desplome en la creación de puestos de trabajo
La cifra más alarmante que presenta la Asociación es el fuerte estancamiento en la contratación. Mientras que en enero de 2025 se crearon 878 mil nuevos empleos, para enero de 2026 esa cifra se desplomó a solo 324 mil puestos, lo que evidencia una tendencia decreciente en la generación de trabajo al inicio del año.
El sector más golpeado ha sido el de los empleadores y trabajadores particulares. La creación de empleo en este grupo, que es el más sensible a las políticas de salario mínimo, pasó de 422 mil en enero de 2025 a tan solo 1,7 mil en enero de 2026. De hecho, la participación de este segmento en el nuevo empleo creado cayó drásticamente del 50% al 5,2% en un año.
Salario mínimo e informalidad: las barreras críticas
Para los investigadores de Anif, estos resultados son la primera muestra de los efectos del incremento sustancial del salario mínimo, que está operando como una barrera para la formalización laboral. Como consecuencia, se observa una “recomposición” del empleo hacia sectores con mayor probabilidad de ser informales, como los trabajadores por cuenta propia.
Finalmente, el gremio advierte que el futuro del empleo en 2026 dependerá de la cautela de las empresas para invertir. Políticas gubernamentales como el impuesto al patrimonio y las inversiones forzosas están limitando el margen de utilidades de las compañías, lo que desincentiva la contratación formal y el crecimiento económico a largo plazo.

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