El sector energético colombiano se encuentra en una encrucijada crítica. Con una demanda de energía que ha crecido cerca del 33% en los últimos años y un ingreso de nueva capacidad que apenas alcanza el 18,9% de lo proyectado, la estabilidad del sistema está bajo una presión sin precedentes.
Expertos del sector advierten que, para 2026, el país podría enfrentar un déficit de energía firme superior al 2%, sumado a billonarias presiones financieras. Según XM, la demanda supera este año la energía firme en 1,971 GWh.
Ante este escenario, algunos especialistas señalan que la seguridad energética ya no depende exclusivamente de generar más electricidad, sino de la capacidad de entender, anticipar y gestionar el sistema con inteligencia operativa.
En este contexto, la convergencia entre la Inteligencia Artificial (IA) y el Internet de las Cosas (IoT) surge como una necesidad estructural para ayudar a evitar el colapso del suministro.
Del monitoreo reactivo a la anticipación predictiva
Mediante el uso de IoT, es posible capturar datos en tiempo real desde activos físicos y puntos críticos de la red, logrando una visibilidad que antes era inalcanzable.
Estos sensores y medidores inteligentes permiten detectar anomalías y prever fallas antes de que ocurran, pasando de un modelo de mantenimiento basado en calendarios a uno estrictamente predictivo.
De acuerdo con análisis de expertos, como los presentados por SAS Institute, existen claves tecnológicas fundamentales para fortalecer el sistema:
Analítica y Machine Learning: Permiten identificar patrones y anticipar eventos críticos como sobrecargas o interrupciones del servicio, reduciendo drásticamente los tiempos de respuesta.
Decisiones en tiempo real: Tecnologías de analítica en streaming permiten balancear cargas y reaccionar ante la variabilidad del sistema en cuestión de segundos, algo vital en una matriz cada vez más dependiente de fuentes renovables y expuesta a fenómenos climáticos.
Optimización de activos: Al predecir cuándo fallará un equipo, las empresas pueden intervenir con antelación, extendiendo la vida útil de la infraestructura y evitando cortes no programados.
Un cambio de paradigma necesario
Expertos señalan que el desafío para Colombia y la región es inmenso. Se estima que para 2050, América Latina requerirá cerca de 1.000 GW adicionales de capacidad eléctrica.
Sin embargo, los expertos subrayan que instalar más plantas no será suficiente si no se fortalece la “inteligencia” del sistema para gestionar una red cada vez más compleja y distribuida.
Quienes promueven esta alternativa, sostienen que la diferencia entre la estabilidad y la vulnerabilidad energética del país dependerá de qué tan rápido se integre la analítica avanzada en el corazón del negocio.
“En un entorno de alta incertidumbre, la capacidad de convertir datos en decisiones en tiempo real es la única garantía para construir un sistema energético resiliente y preparado para los retos que se avecinan“, sostienen.

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