El sistema energético colombiano se encuentra en un punto crítico, que podría comprometer la cobertura de la demanda hacia finales de este año.
Así lo advirtió Juan Ricardo Ortega, presidente del Grupo Energía Bogotá (GEB), quien manifestó su profunda preocupación por las limitaciones actuales en el suministro de gas natural y las graves restricciones en la infraestructura para transportar energía y combustible hacia el interior del país.
Para Ortega, la seguridad energética del país depende de decisiones inmediatas en materia de importación. El directivo enfatizó que la regasificación en el Caribe es una alternativa prioritaria y esencial, destacando la importancia de proyectos como el de Ballenas para garantizar el abastecimiento.
En contraste, el alto ejecutivo fue tajante al descartar a Venezuela como una solución de corto plazo. Según explicó, la infraestructura binacional está seriamente deteriorada: “hemos hecho chequeos y han robado partes de la tubería y han robado las válvulas”.
Además de la reconstrucción física del tubo, que tardaría más de un año en diagnosticarse, cualquier acuerdo requiere autorizaciones de la OFAC (Oficina de Control de Activos Extranjeros de EE. UU.) y convenios diplomáticos con el gobierno venezolano.
Desafío del transporte: energía “atrapada” en el Caribe
Uno de los puntos más alarmantes señalados por el presidente del GEB es la imposibilidad técnica de trasladar el potencial energético del norte del país hacia los centros de consumo masivo en el interior.
Explicó que la capacidad actual de transporte de gas es insuficiente, dado que solo pueden pasar 120 millones de pies cúbicos al día del sistema del Caribe al interior, volumen que no alcanza para abastecer las necesidades de las termoeléctricas del centro del país.
Así las cosas, esta situación evidencia una desconexión estructural que requiere una expansión urgente de la infraestructura de transporte y generación.
Precios volátiles y la “trampa” de la matriz solar
Además de la crisis del gas, Juan Ricardo Ortega también analizó la volatilidad de los precios en la Bolsa de Energía, que describe un sistema con problemas estructurales.
La idea es que, durante el día, la abundancia de energía solar, eólica e hídrica permite precios bajos, cercanos a los 100 pesos por kilovatio. Sin embargo, al caer la noche, la falta de generación solar —que solo opera el 20% del tiempo— obliga al sistema a despachar energía de fuentes más costosas, elevando los precios hasta los 600 o 700 pesos en horas pico.
“Colombia está teniendo un problema de falta de infraestructura de generación que permita que los precios sean bajos a todo lo largo del día”, sentenció Ortega, haciendo un llamado a diversificar la matriz energética para no depender exclusivamente de la intermitencia solar.
Necesidad de reglas claras para la inversión
Finalmente, el líder del GEB subrayó que la solución a estas limitaciones estructurales requiere un flujo constante de capital que solo llegará si existen condiciones de inversión estables.
Para Ortega, los proyectos de infraestructura energética son apuestas de largo aliento (10 a 20 años) que demandan reglas claras y confianza jurídica para que el sector privado pueda recuperar su inversión y garantizar, así, el suministro futuro del país.
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