La estrategia de la Comisión de Regulación de Energía y Gas (CREG) para incentivar el ahorro de electricidad podría tener efectos muy diferentes entre las regiones del país y, en particular, abrir un nuevo frente de discusión en la Costa Caribe, donde las altas temperaturas hacen más difícil reducir el consumo de energía.
El programa establece una meta individual de consumo para cada usuario, calculada a partir de su comportamiento histórico. Quienes consuman por encima del 10 % de esa meta deberán asumir un cobro adicional, mientras que aquellos que logren ubicarse por UN 10% POR debajo, podrán acceder a un beneficio económico. La medida tiene una duración inicial de seis meses y fue diseñada como un mecanismo transitorio frente al riesgo energético por el fenómeno ded El Niño.
La diferencia fundamental está en las condiciones climáticas y en el caso específico del Caribe colombiano, ahorrar energía no depende solamente de la voluntad, pues un elemento que resulta determinante para entender el posible impacto de la medida, es que en esta parte del país las altas temperaturas empujan naturalmente hacia arriba el consumo de electricidad.
En ciudades como Barranquilla, Cartagena, Santa Marta y Montería, el uso de ventiladores y aires acondicionados no constituye simplemente un asunto de comodidad. Durante buena parte del año son equipos necesarios para enfrentar temperaturas elevadas y mantener condiciones mínimas de habitabilidad.
Por eso, mientras un hogar del interior del país puede encontrar mayores posibilidades de reducir su consumo simplemente disminuyendo el tiempo de utilización de determinados electrodomésticos, en el Caribe existe un límite físico mucho más evidente: cuando aumenta el calor, aumenta también la necesidad de utilizar equipos de climatización durante más horas.
Ese argumento ha sido precisamente uno de los principales cuestionamientos formulados desde la Costa. Los personeros de Barranquilla, Cartagena, Santa Marta, Valledupar y Montería solicitaron a la CREG un tratamiento diferencial y propusieron que el margen permitido para la región pase del 10 % al 20 %, teniendo en cuenta las condiciones climáticas.
El contraste con Bogotá y otras ciudades del interior
Este escenario lleva necesariamente a una comparación directa entre la región Caribe y ciudades del interior del país como Bogotá.
En la capital del país, donde las temperaturas son considerablemente menores, los hogares no tienen la misma presión para mantener encendidos ventiladores y sistemas de aire acondicionado durante extensos períodos.
Eso significa que, bajo una regla nacional basada en el comportamiento histórico de cada usuario, las posibilidades reales de reducir el consumo pueden ser diferentes dependiendo del territorio donde esté ubicado el hogar. Así, la misma meta porcentual puede representar esfuerzos muy distintos.
Un usuario que reduzca su consumo un 10 % en una ciudad donde el aire acondicionado constituye una parte importante de su demanda puede tener que sacrificar condiciones de confort térmico, necesarios para trabajar en condiciones dignas y para la salud; mientras que otro usuario ubicado en una zona de clima más frío podría alcanzar una reducción similar con cambios de comportamiento menos difíciles.
¿Cómo se financiarán los incentivos?
Aquí aparece uno de los puntos más sensibles de la discusión. La resolución establece que el programa es autofinanciado: los recursos destinados a los usuarios beneficiarios provienen de los cobros adicionales recaudados a quienes superen el límite establecido.
La CREG creó una bolsa de recursos para cada mercado de comercialización y allí se concentran los cobros adicionales efectivamente recaudados.
La Resolución de la CREG señala que los recursos de cada bolsa se destinan exclusivamente a los usuarios beneficiarios atendidos por el mismo comercializador y dentro del mismo mercado de comercialización.
Aun así, el cuestionamiento de fondo permanece: si las condiciones climáticas hacen que determinados usuarios tengan más dificultades para reducir su consumo y, por esa razón, terminen generando mayores cobros adicionales, mientras otros usuarios tienen mayores posibilidades de acceder a los beneficios, el mecanismo puede producir efectos distributivos que la CREG deberá evaluar.
La polémica ya llegó a los tribunales
La controversia no se ha quedado en declaraciones políticas. El alcalde de Cartagena, Dumek Turbay, presentó ante el Consejo de Estado una demanda de nulidad contra la Resolución 101 126 de 2026, argumentando, entre otros aspectos, que la regulación no tiene suficientemente en cuenta las condiciones climáticas de la región Caribe.
También el personero de Santa Marta presentó una acción de tutela para pedir que las condiciones particulares del Caribe sean consideradas frente a las penalidades por mayor consumo.
La Liga Nacional de Usuarios, por su parte, ha pedido derogar la medida y sostiene que la Costa Caribe sería una de las regiones más afectadas por los recargos, precisamente por las altas temperaturas y por el uso frecuente de ventiladores y aires acondicionados.
Una regla nacional frente a realidades regionales
El debate, entonces, no se limita a determinar si Colombia debe ahorrar energía. Existe consenso en que, ante un escenario de estrechez energética, reducir la demanda puede contribuir a proteger el sistema.
La discusión está en cómo repartir el esfuerzo del ahorro entre regiones con condiciones completamente diferentes.
El programa de la CREG parte de una meta individual basada en el consumo histórico y establece una banda neutral entre el 90 % y el 110 %. Por encima de ese último límite comienza el cobro adicional, mientras que por debajo del 90 % se puede generar un beneficio económico.
En el Caribe, donde el calor obliga a mantener encendidos durante más tiempo los ventiladores y aires acondicionados, reducir el consumo puede ser considerablemente más difícil. En el interior, donde esas necesidades de climatización son menores, el margen para reducir la demanda puede ser diferente.
De ahí que autoridades, personeros, organizaciones de usuarios y dirigentes de la Costa estén reclamando a la CREG un esquema diferencial que tenga en cuenta la realidad climática regional.
La discusión apenas comienza, pero el resultado será determinante: la medida fue diseñada para que los colombianos ahorren energía, aunque su verdadero impacto dependerá de si el sistema consigue distinguir entre un consumo excesivo por hábitos y un consumo elevado provocado por las condiciones climáticas de cada territorio.
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