El presidente Gustavo Petro salió al paso de las graves denuncias sobre la presunta infiltración de las disidencias de las FARC en el Ejército Nacional, defendiendo a los funcionarios de inteligencia implicados y calificando las versiones difundidas como categóricamente falsas.
En un pronunciamiento fuerte y detallado, el jefe de Estado sugirió que las acusaciones hacen parte de un “entramado” orquestado para sabotear las purgas de corrupción dentro de la Fuerza Pública e implicó a agencias de inteligencia extranjeras en la difusión de información errónea.
El mandatario aseguró tener la total convicción de que las versiones sobre supuestos informes de inteligencia que vincularían al general Luis Miguel Huertas y a Wilmar Mejía, actual director de Inteligencia, con las disidencias de las FARC son completamente falsas.
Según el presidente Petro, las acusaciones están dirigidas a “querer purgar a las personas que me han ayudado a identificar oficiales del ejército corruptos”. Aseguró que gracias a la labor de estos funcionarios se han podido investigar varios casos de corrupción, mencionando específicamente el robo de armas al ejército en La Guajira y la entrega de permisos para crear compañías de seguridad a bandas criminales.
Petro enfatizó que durante su gobierno se suspendió un “negocio” que involucraba la entrega masiva de permisos legales a criminales para operar compañías de seguridad, un fenómeno que fue prominente durante el gobierno anterior de Iván Duque.
Freno al lucrativo esquema de corrupción
El presidente de la República dijo que este negocio, intentado perpetuar, representaba miles de millones de pesos en sobornos que servían para detener el uso del Estado para el paramilitarismo. La reacción actual, según el presidente, obedece al freno de este lucrativo esquema de corrupción.
El mandatario subrayó la “coincidencia” de que ahora se denuncie precisamente a quienes “vienen denunciando los nexos de la corrupción dentro de la fuerza pública”.
El jefe de Estado lanzó una dura crítica a la fuente de las versiones periodísticas, sugiriendo que la inteligencia extranjera está detrás del montaje. Afirmó que la fuente del periodista es la CIA (Agencia Central de Inteligencia), a la que acusó de tener la “costumbre de tender redes para afectar a la opinión pública de acuerdo a los intereses del gobierno de su país en todo el mundo”. Esta práctica la describió como una forma de “exhibir poder extranjero dentro de los países”.
Relató que en una ocasión anterior se reunió con la CIA para recibir informes sobre oficiales corruptos. En esa reunión, le hablaron del General Huertas (quien no estaba en el ejército en ese momento) y mencionaron una posible relación con un grupo armado, pero se trató de un grupo diferente al que se menciona en los informes actuales, lo cual le da la certeza de que el nuevo informe es falso.
Al investigar la acusación previa sobre Huertas, el presidente determinó que la información de la CIA no era certera. La investigación presidencial concluyó que un operativo contra el ELN había sido saboteado por la presencia de un helicóptero de la Policía (no del Ejército), con lo cual el general Huertas no tuvo ninguna implicación. Respecto al director de Inteligencia, Wilmer Mejía, Petro indicó que “De Wilmer no se dijo nada” en aquella ocasión.
Narcotráfico y motivaciones geopolíticas
El presidente explicó que la CIA también puede ser engañada, pues “la alta corrupción en el país producto del narcotráfico hace que existan bandas delincuenciales en el ejército dirigidas por oficiales de alto rango”.
Dijo que estas estructuras utilizan la inteligencia y los informes de contrainteligencia, a veces falsos, para “sacar del camino injustamente a oficiales de alto rango que representan un peligro para sus carreras o que no son cómplices de sus actividades criminales”.
Petro fue más allá al señalar que la CIA comete estos errores porque los estadounidenses “aún no saben que el gran narcotráfico siempre penetra el poder político de la nación”.
Respecto a las motivaciones actuales, el presidente cree que la CIA tiene razones para atacar a su gobierno, buscando desprestigiarlo, y que las órdenes provienen del gobierno de su país. Indicó que narcotraficantes (buscando recuperar sus negocios golpeados) y altos dirigentes del gobierno norteamericano (por “antiguos odios contra la revolución cubana que extienden ignorantemente a todo el progresismo latinoamericano”) coinciden en la intención de derrocar su administración.
Finalmente, el presidente instó a que todas las agencias de inteligencia deben hacer públicos sus informes en el tiempo prudencial y que los lazos entre oficiales del ejército y la policía “deben cortarse de inmediato”. Además, enfatizó que la contrainteligencia debe servir para detectar la corrupción y no para “hacer uso político de la información”.

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