El análisis de CAMBIO advierte que el Gobierno de Abelardo de la Espriella presentó un presupuesto para 2027 mucho más abultado que el que había dejado Gustavo Petro. El proyecto aumenta el gasto total en $59,3 billones, pero buena parte de esos recursos adicionales están relacionados con obligaciones, funcionamiento y servicio de la deuda, mientras la inversión representa una porción menor del presupuesto.
El Gobierno de Abelardo de la Espriella puso sobre la mesa del Congreso un Presupuesto General de la Nación para 2027 por $634,9 billones, una cifra que se convierte en una de las principales pruebas fiscales de la nueva administración y que contrasta con la promesa electoral de reducir el tamaño del Estado.
El monto supera en $59,3 billones el proyecto de $575,6 billones que había presentado el Gobierno de Gustavo Petro. El análisis publicado por CAMBIO advierte que, lejos de ser un presupuesto austero, el nuevo proyecto es considerablemente mayor y llega acompañado de una fuerte presión sobre las finanzas públicas.
La discusión que ahora comienza en el Congreso no se limita, por tanto, a establecer si el presupuesto es alto o bajo. El punto central está en qué se hará con los $634,9 billones y cuánto de ese dinero terminará destinado a pagar obligaciones ya adquiridas, en lugar de financiar nueva inversión pública.
¿En qué se gastarán los $634,9 billones?
La distribución presentada por el Gobierno muestra tres grandes bolsas.
La más grande corresponde a gastos de funcionamiento, con $392,5 billones. Allí se concentran obligaciones como pensiones, salud, transferencias, educación, gastos de personal y otros compromisos que tienen un alto grado de rigidez porque están respaldados por normas legales o constitucionales.
La segunda gran partida es el servicio de la deuda, que alcanza $155,4 billones. Este rubro representa el 24 % del presupuesto total y constituye uno de los elementos más llamativos de la propuesta, pues registra un incremento de 54 % frente al presupuesto de 2026.
Finalmente aparecen los recursos destinados a inversión pública, con $86,9 billones, equivalentes aproximadamente al 14 % del presupuesto.
En términos sencillos, de cada $100 que contempla gastar la Nación en 2027, cerca de $62 irían a funcionamiento, $24 al pago de la deuda y solo $14 a inversión.
La deuda se convierte en uno de los protagonistas
El mayor peso del servicio de la deuda es uno de los aspectos que más llama la atención en el análisis de CAMBIO.
El proyecto no solo eleva el presupuesto general, sino que aumenta de manera considerable los recursos que tendrán que destinarse al pago de obligaciones financieras. De acuerdo con las cifras divulgadas por el Gobierno, los $155,4 billones para deuda incluyen capital e intereses y representan el mayor monto destinado a este concepto en el proyecto presupuestal.
Esto significa que una parte significativa del incremento presupuestal frente al proyecto de Petro no se traduce automáticamente en más obras, infraestructura o nuevos programas públicos.
Por el contrario, el peso de las obligaciones financieras limita el margen de maniobra que tendrá la administración para definir sus propias prioridades.
Menos espacio para la inversión
Uno de los contrastes más importantes está precisamente en la inversión.
El proyecto presentado por Petro contemplaba inicialmente $90 billones para inversión, mientras que la nueva propuesta de De la Espriella establece $86,9 billones, es decir, unos $3,1 billones menos en términos nominales.
Así, aunque el presupuesto total aumenta en $59,3 billones, los recursos destinados a inversión no crecen en la misma proporción.
CAMBIO resume este fenómeno señalando que el presupuesto de la nueva administración es “más deuda, menos inversión y nuevas prioridades”, en medio de una situación fiscal que deja poco espacio para reducir el gasto estructural.
La situación es particularmente relevante porque el Gobierno ha anunciado que parte de sus prioridades estará relacionada con la reconstrucción de las zonas afectadas por el terremoto de agosto, a través del denominado Fondo Milagro. Sin embargo, todavía no se conocen con precisión los montos que serán canalizados hacia esa reconstrucción.
¿Por qué creció tanto el presupuesto?
La explicación del Gobierno es que el proyecto anterior tenía gastos y obligaciones que, según la administración de De la Espriella, no estaban adecuadamente incorporados.
El ministro de Hacienda, Miguel Gómez, sostuvo que el nuevo presupuesto busca “sincerar” las cuentas de la Nación, incorporar obligaciones constitucionales y legales y corregir partidas que, a juicio del Ejecutivo, habían quedado desfinanciadas.
Entre ellas menciona recursos para salud, pensiones, universidades públicas, subsidios de energía y gas y las elecciones regionales de 2027, entre otros compromisos.
El Ejecutivo también asegura que el presupuesto pretende eliminar gastos considerados innecesarios y que será acompañado por una ley de rescate fiscal destinada a contener el crecimiento del gasto y el endeudamiento.
Un presupuesto récord en medio de una promesa de austeridad
La paradoja política y económica es evidente: el Gobierno que llegó con la promesa de reducir el tamaño del Estado termina presentando un presupuesto de $634,9 billones, casi $60 billones superior al proyecto de la administración anterior.
El análisis de CAMBIO plantea precisamente ese contraste: el nuevo Gobierno recibió la posibilidad de diseñar su primer presupuesto y, en lugar de presentar una propuesta más pequeña que la de Petro, radicó una de mayor tamaño, con un peso considerable de la deuda y una inversión que incluso disminuye frente al proyecto anterior.
La discusión ahora estará en manos de las comisiones económicas del Congreso, que deberán determinar si el monto y la distribución propuesta cumplen con las condiciones de sostenibilidad fiscal.
El Gobierno, entretanto, tendrá que convencer al Legislativo y a los mercados de que el aumento presupuestal no representa simplemente más gasto y más deuda, sino una estrategia para reconocer obligaciones que no estaban contempladas, atender las necesidades sociales y reconstruir las zonas afectadas por el terremoto, mientras intenta corregir el desequilibrio de las finanzas públicas.
La gran pregunta que deja el proyecto es, precisamente, cómo podrá el Gobierno cumplir su promesa de austeridad cuando casi una cuarta parte del presupuesto de 2027 estará comprometida con el servicio de la deuda y el monto total alcanza un récord de $634,9 billones.

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