Lo que haría Tito Crissién si es elegido rector de la Universidad Autónoma del Caribe

La Universidad Autónoma del Caribe se encuentra en las vísperas de uno de los procesos electorales más determinantes de su historia reciente.

El próximo 12 de marzo de 2026, el Consejo Superior de la institución elegirá al nuevo rector en propiedad para el periodo 2026-2030, una decisión que marcará el fin de la medida de reemplazo del Ministerio de Educación Nacional y el inicio de una etapa que busca la estabilidad institucional y financiera.

La contienda cuenta con cinco aspirantes: Jorge Senior Martínez, quien actualmente se desempeña como rector encargado tras la prórroga de su designación por parte del Gobierno Nacional; Ariel Padilla Isaza; Juan De la Hoz Blanco; Eduardo Arteta Coronell; y Tito Crissién Borrero.

Este último ha presentado una hoja de ruta detallada denominada “Orden, Legitimidad y Futuro”, orientada a rescatar a la universidad de la profunda crisis estructural que atraviesa.

Volver a ser Universidad

Bajo la premisa de que la UAC no perdió su grandeza sino su rumbo, la propuesta de Crissién Borrero se aleja de las promesas de milagros para centrarse en una limpieza estructural y un plan de desarrollo a corto y mediano plazo (24 a 48 meses).

El candidato sostiene que la crisis actual es el resultado de años de decisiones que fracturaron la coherencia entre el proyecto académico y la realidad financiera de la institución.

Su plan se divide en ejes estratégicos que buscan devolverle la viabilidad y dignidad al alma mater.  Crissién propone que la calidad académica no puede existir sin viabilidad financiera.

En ese orden, su enfoque busca priorizar calidad sobre cantidad, lo que implica revisar el portafolio académico para mantener solo los programas que tengan una demanda efectiva y solvencia académica.

Verdad financiera y austeridad

El documento de Tito Crissién es enfático en realizar un diagnóstico honesto, señalando que el modelo operativo actual no se financia a sí mismo y la matrícula ya no soporta la estructura existente.

Es por ello que propone una austeridad administrativa que no consista en despidos masivos, sino en la reducción de ineficiencias, la eliminación de procesos duplicados y la profesionalización real de la gestión.

 En cuanto a la investigación, plantea pasar del cumplimiento formal a proyectos que generen impacto y cuenten con financiación externa. Para la extensión, busca que la universidad vuelva a ser un referente útil para el territorio, generando ingresos mediante una unidad estratégica autosostenible.

El plan establece metas claras desde los primeros 100 días —enfocados en recuperar el control y la gobernabilidad— hasta un horizonte de cuatro años para lograr la consolidación y el reposicionamiento regional.

El contexto de la elección

El nuevo rector asumirá el cargo en propiedad tras un periodo de interinidad bajo la vigilancia del Ministerio de Educación, que designó a Jorge Senior Martínez en 2024 para salvaguardar la prestación del servicio educativo.

Dado que la ley solo permite prorrogar esta medida una vez, la elección de este marzo es el paso obligado para que la universidad recupere su autonomía plena.

El proceso de selección, que inició con la apertura de postulaciones en febrero, promete ser riguroso. Los miembros del Consejo Superior deberán evaluar cuál de los candidatos posee la capacidad técnica y el liderazgo político para ejecutar un plan de salvamento en una institución que sigue bajo la lupa de los organismos de control.

La comunidad universitaria —estudiantes, docentes y egresados— espera que quien resulte electo logre restablecer la confianza y honrar los compromisos laborales y contractuales pendientes, requisitos esenciales para que la Universidad Autónoma del Caribe vuelva a ser un faro intelectual, académico y científico de la región.

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