El sistema eléctrico colombiano enfrenta uno de sus momentos más complejos debido a un fenómeno de El Niño de severidad histórica que ha desbordado todos los modelos de predicción.
Ante este panorama, el gerente general de Empresas Públicas de Medellín (EPM), John Maya Salazar, lanzó una severa advertencia sobre el estado crítico de las cuencas hídricas que abastecen a las principales hidroeléctricas del país.
La drástica reducción en los caudales ha obligado a la compañía a tomar la decisión operativa de ralentizar la generación continua en centrales clave como Hidroituango y Guatapé con el fin de ahorrar agua y estar preparados para la fase más dura de la sequía, cuyo pico se prevé para el primer trimestre del próximo año.
Esta medida preventiva responde directamente al desecamiento extremo de los ríos que alimentan el sistema de EPM. El caso más crítico se registra en el río Cauca, principal fuente hídrica de la central Hidroituango, cuyo caudal cayó a tan solo 250 metros cúbicos por segundo.
A diferencia de veranos o fenómenos de El Niño anteriores, donde los caudales se mantenían entre los 400 y 500 m³/s, el volumen actual ha reducido a este importante afluente a lo que Maya Salazar describió prácticamente como una quebrada, siendo insuficiente incluso para poner en marcha una sola turbina de generación.
Continuar generando en esas condiciones implicaría agotar el embalse útil por debajo de sus límites técnicos y operativos permitidos.
El caso de Guatapé
Una situación similar se vive en la cuenca del río Nare, que alimenta al embalse de Guatapé y registra los mínimos históricos de caudal de toda su serie estadística. Sin embargo, en el caso de Guatapé, la decisión de abstenerse de generar con suficiencia responde además a una estrategia de seguridad energética de alcance nacional.
Guatapé es el único embalse multianual del país, capaz de almacenar reservas para regular el sistema hasta por un año completo, a diferencia de los embalses convencionales que se vacían en dos o tres meses de operación continua.
Con el objetivo normativo y operacional de mantener este embalse por encima del 80% de su capacidad antes de que inicie el periodo más crítico de El Niño en el primer trimestre de 2027, EPM optó por embalsar el agua disponible y no turbinar en Guatapé ni en Hidroituango, priorizando la reserva energética del país.
La gravedad de este déficit hídrico persiste a pesar de las precipitaciones que se han observado recientemente en algunas regiones. El alto ejecutivo explicó que, aunque han caído lluvias intensas, estas han sido eventos aislados, de muy corta duración y muy espaciados en el tiempo, lo que impide que el agua escurra hacia los ríos y permita la recuperación real de los embalses.
Como consecuencia, los aportes hídricos en las cuencas de Antioquia se ubican entre un 35% y un 40% de la media histórica, mientras que el nivel agregado del sistema de EPM se encuentra en apenas un 53,2%, la cifra más baja registrada en comparación con los fenómenos de El Niño de 2015 o 2023.
Acudir al mercado de bolsa
Esta contracción forzosa en la producción hídrica propia ha desencadenado un severo impacto financiero para EPM. Para poder cumplir con los compromisos previamente pactados de suministro de energía a sus clientes, la empresa se ha visto obligada a acudir al mercado de bolsa a comprar energía a precios elevados.
El cambio abrupto entre un régimen de lluvias a una sequía extrema en cuestión de semanas limitó el margen de adaptación del mercado, impulsando los costos en la Bolsa de Energía y tensionando las finanzas de la entidad.
Finalmente, Maya Salazar enfatizó que la magnitud de este choque climático obliga al país a abrir un debate estructural sobre la planificación del sector.
Dado que el fenómeno actual rompió los parámetros históricos del sistema, EPM instó a reevaluar urgentemente el cálculo real de la “energía firme” que tiene Colombia para responder a una demanda en constante crecimiento, advirtiendo que la variabilidad climática extrema será una constante recurrente en los próximos años.
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