Francisco Espinosa, socio fundador de Inclusión SAS.

Atlántico registra el mayor retroceso del país en pobreza energética, Soledad y Malambo con el peor deterioro

El departamento del Atlántico experimentó el retroceso más significativo a nivel nacional en materia de pobreza energética durante el último año, según el más reciente análisis del Índice Multidimensional de Pobreza Energética (IMPE), un informe elaborado por Promigas e Inclusión SAS.

De acuerdo con el informe, la incidencia de la pobreza energética en Atlántico se disparó de 9.3% a 14.8% entre 2023 y 2024, un aumento de casi cinco puntos porcentuales. Este incremento, el más pronunciado del país, se tradujo en que 162.400 personas adicionales ingresaron a esta condición de vulnerabilidad.

El incremento está estrechamente ligado al deterioro en la calidad del suministro de energía eléctrica, un factor que, a nivel nacional, gana peso como principal elemento definitorio de la pobreza energética”, afirmó Francisco Espinosa, socio fundador de Inclusión SAS.

El retroceso en Atlántico se explica principalmente por las desmejoras en la calidad del servicio eléctrico, especialmente en municipios como Malambo y Soledad, pero también en Ponedera y Manatí.

En estas zonas, la privación en la calidad de la energía en el departamento pasó del 11.3% al 41.3%. Los datos revelan un aumento preocupante en la duración de las interrupciones del servicio: En Malambo, la duración total de las interrupciones subió de 44.31 horas en 2023 a 98.77 horas en 2024. En Soledad, el tiempo de interrupción pasó de 40.71 horas a 63.29 horas en el mismo periodo.

“Este retroceso ha llevado al Atlántico a converger a los altos niveles de privación en calidad de la energía del resto de departamentos del Caribe (45%)”, afirmó Espinosa.

El aumento de la pobreza energética en el Atlántico, entre otros aspectos, se debió al deterioro registrado en la calidad del suministro de la energía eléctrica. La dimensión de acceso y calidad de la energía es el motor principal para la reducción de la pobreza energética, pesando un 40% en la medición del IMPE.

Panorama nacional: avances y retrocesos

Según el análisis presentado, que contó con el aporte técnico del socio fundador de Inclusión SAS, el balance nacional fue heterogéneo, aunque el país en general redujo su pobreza energética en 0.7 puntos porcentuales.

Mientras algunos departamentos registraron importantes avances, otros, además del Atlántico, sufrieron reveses estadísticamente significativos.

Departamentos que redujeron la pobreza energética:

• Bogotá consolidó el mayor avance, reduciendo su porcentaje de 3.1% a 1.4%, lo que significa 140 mil personas menos en esta condición.

• Bolívar también mostró una reducción notable, pasando de 30.4% a 24.9%.

Santander disminuyó su incidencia de 11.0% a 7.6%.

• Otros departamentos con avances importantes incluyen Cesar (de 21.8% a 16.5%) y Casanare (de 19.2% a 10.1%).

• Departamentos con alta incidencia, como Vichada (de 89.6% a 83.8%) y Amazonas (de 60.1% a 49.4%), también registraron progresos.

Departamentos con retrocesos (aumento de la pobreza):

Además de Atlántico, se observaron retrocesos en:

• Caquetá, cuya pobreza energética pasó del 33% al 36.7%.

• Caldas, que retrocedió de 4.6% a 6.8%. Este retroceso en Caldas llama la atención, ya que históricamente se ha caracterizado por un alto nivel de vida.

Persistencia de las brechas geográficas

El informe del IMPE reitera que el país presenta “aguas tranquilas en el centro, pero un fuerte oleaje en la periferia”. Los departamentos con las incidencias más altas de pobreza energética se mantienen en la periferia, registrando niveles de bienestar energético muy bajos, casi como un país que “se quedó en el siglo pasado”: Vaupés (86.5%), Vichada (83.8%) y Guainía (82.2%).

Estos departamentos registran incidencias de pobreza energética por encima del 80%. En contraste, en las ciudades principales, la incidencia es inferior al 4%, evidenciando diferencias de aproximadamente 10 veces entre los municipios urbanos y los rurales dispersos.

La necesidad de crear una ruta común y conjunta para la reducción de la pobreza energética es crucial, ya que los avances logrados en departamentos como Bogotá, Bolívar y Santander se vieron contrarrestados por el aumento del número de pobres energéticos en Atlántico, Cundinamarca y Caldas.

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