El fenómeno de El Niño en 2027 podría alcanzar una intensidad muy fuerte, desencadenando severas alteraciones meteorológicas a lo largo del continente. Provocará sequías extremas e inundaciones severas, amenazando la seguridad hídrica, energética y alimentaria, así como la salud pública de millones de personas.
Así lo indica el informe ‘El Niño 2026–2027: Perspectivas, Potenciales Impactos y Acción Anticipatoria’, presentado por la Secretaría General de la Organización de los Estados Americanos (OEA), junto con la Organización Meteorológica Mundial (OMM) y el Centro Internacional para la Investigación del Fenómeno de El Niño (CIIFEN).
Según las proyecciones científicas, se anticipan reducciones de lluvia de hasta un 80 % en diversas regiones, mientras que en otras se registrarán precipitaciones torrenciales e inundaciones. Ante este escenario, el organismo hemisférico urge a los gobiernos nacionales a fortalecer la prevención y adoptar medidas anticipatorias antes de que concluya el año 2026.
El informe elaborado por el Departamento de Desarrollo Sostenible de la OEA evidencia un impacto climático profundamente diferenciado en la región. Se proyectan fuertes reducciones en las precipitaciones para el Corredor Seco centroamericano, el Caribe insular, las regiones Andina y Caribe de Colombia, Venezuela y la cuenca amazónica.
En contraste, la costa de Ecuador, el norte de Perú, el centro-sur de Chile y la Cuenca del Plata (que abarca territorios de Argentina, Bolivia, Brasil, Paraguay y Uruguay) enfrentarán un aumento significativo de precipitaciones, con un elevado riesgo de inundaciones y deslaves.
Amenazas a la infraestructura energética, el agua potable y el comercio
Las alteraciones en el ciclo hidrológico pondrán bajo intensa presión los servicios esenciales de la región. En el Caribe insular y zonas costeras, el déficit agudo de lluvias provocará la intrusión de agua marina en los acuíferos, contaminando las fuentes de agua dulce y forzando racionamientos urbanos. Esta crisis afectará a un continente donde más de 200 millones de personas ya carecen de un suministro continuo de agua.
Además, de acuerdo con el informe, las sequías afectarán directamente la generación hidroeléctrica, de la cual depende aproximadamente el 50 % de la matriz eléctrica regional.
También habrá una afectación al comercio marítimo, la disminución del nivel de los lagos Gatún y Alhajuela obligará a restringir a 14 metros (44 pies) el calado de los buques Neopanamax en el Canal de Panamá, perjudicando el tránsito comercial.
Crisis de seguridad alimentaria y alertas en salud pública
Los impactos humanos y sociales del fenómeno se manifestarán en múltiples frentes:
Inseguridad alimentaria aguda: Se prevé que la escasez de lluvias en el Corredor Seco empuje a entre 500.000 y 750.000 personas a la Fase 3 (Crisis Aguda) de la Clasificación Integrada de la Seguridad Alimentaria en Fases (CIF).
Brote de enfermedades: La combinación de altas temperaturas y el almacenamiento de agua sin protección adecuada durante los racionamientos favorecerá la proliferación del mosquito Aedes aegypti, transmisor del dengue.
Riesgo de incendios: Las severas condiciones secas incrementarán considerablemente la probabilidad de incendios forestales.
Hoja de ruta estratégica
“El Niño no se puede evitar, pero buena parte de sus consecuencias, sí”, afirmó Andrés Sánchez, jefe de la Sección de Agua de la OEA. La hoja de ruta propuesta por los organismos internacionales insta a implementar medidas concretas durante el último trimestre de 2026 para minimizar los costos humanos y económicos en 2027.
Esta hoja de ruta propone fortalecer los sistemas de alerta temprana, prever fuentes alternativas de suministro eléctrico, disponer de fondos de contingencia, distribuir semillas resistentes a la sequía y reforzar la vigilancia sanitaria y el control de vectores.
El informe subraya, además, la importancia de la cooperación regional para proteger las cuencas compartidas y las interconexiones eléctricas, como la Cuenca del Plata y el Sistema de Interconexión Eléctrica de los Países de América Central (SIEPAC). La coordinación entre países y el intercambio oportuno de información serán fundamentales para anticipar los impactos y fortalecer la capacidad de respuesta del hemisferio.
La nota técnica fue elaborada a partir de información y datos de la OMM, la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA), el Instituto Internacional de Investigación del Clima y Sociedad (IRI), el CIIFEN, la Organización Latinoamericana y Caribeña de Energía – OLACDE (antigua OLADE), FEWS NET (Famine Early Warning Systems Network).
También, la OPS/OMS (Organización Panamericana de la Salud/ Organización Mundial de la Salud), OIT (Organización Internacional del Trabajo) y servicios meteorológicos e hidrológicos nacionales.

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