Seis años después de la inauguración del nuevo puente Pumarejo, una megaobra diseñada para impulsar la navegación fluvial en el río Magdalena, la demolición de su predecesor, el antiguo puente, sigue en un limbo administrativo y ambiental. Esta parálisis no solo amenaza la funcionalidad de la nueva infraestructura, que costó cerca de $800 mil millones de pesos, sino que también frena el progreso económico y portuario de Barranquilla.
La deconstrucción del viejo puente, conocido también como el Puente Laureano Gómez, que cuenta con un galibo de 16 metros, ha sido catalogada como un compromiso urgente, pues su permanencia impide el paso de grandes buques, que fue el objetivo real de la construcción de la nueva megaestructura.
La deconstrucción, que evitará el uso de explosivos para mitigar el impacto ambiental, requiere una inversión que supera los $100 mil millones de pesos. Las cifras más recientes estiman que el costo sería de unos $110.000 millones de pesos, recursos que, según la Contraloría General de la República, tendrían que ser asumidos por el Invías.

A pesar de que los estudios ya se encuentran elaborados el proceso está detenido por lo que la vicecontralora en funciones, Lilibeth Aguilera Púa, califica como “vicios administrativos”. Aguilera señaló que, si bien el costo está establecido, “en el momento no se cuenta con licencia ambiental y ni siquiera se han hecho los trámites para la consulta de la misma,” es decir, para determinar si dicho permiso es necesario para el desmonte del puente.
La amenaza del “elefante blanco”
Ante la falta de una hoja de ruta clara para iniciar el desmonte, la Contraloría lanzó una severa advertencia. Expresó Aguilera Púa que, si la demolición no se realiza de manera urgente, el nuevo puente Pumarejo, con una inversión significativa de casi $800.000 millones, podría convertirse en un “elefante blanco”.
Afirmó Aguilera que el nuevo puente “no tiene una funcionalidad óptima”, pues el no retiro de la vieja estructura implica que el objetivo principal para el que fue construido, permitir el paso de embarcaciones mayores, no se está cumpliendo. Esta situación pone en juego la inversión total requerida para la puesta en funcionamiento plena del nuevo puente sobre el río Magdalena.
La “talanquera” del progreso portuario
Desde el sector gremial, la preocupación es evidente. Efraín Cepeda Tarud, presidente ejecutivo del Comité Intergremial del Atlántico calificó al antiguo puente Pumarejo como una “talanquera” que está deteniendo el desarrollo económico de la región.
Cepeda Tarud aseguró que esta infraestructura “impide el progreso del puerto de Barranquilla” e imposibilita la conexión de las embarcaciones con el resto del país. Además, enfatizó que la presencia de la vieja estructura limita la infraestructura portuaria local hasta el kilómetro donde se ubica el puente.
El dirigente gremial fue enfático al señalar que el desmonte del puente habilitaría el desarrollo de la infraestructura portuaria más allá del kilómetro 22, permitiendo que importantes proyectos de astilleros y otras iniciativas portuarias se desarrollen y potencialicen el departamento y la región.
El Comité Intergremial precisa que urge que el Gobierno Nacional gestione los recursos requeridos para la obra de deconstrucción.
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